«Miradas de humo» de Pilar González Álvarez

 


Julia Soler no es una detective cualquiera.

Tiene una personalidad arrolladora y un pasado que no querrás conocer.

La investigación en la que colabora con el inspector Diego Jiménez la pondrá en peligro en más de una ocasión, ya que tendrá que infiltrarse en una oscura entidad.

¿Logrará descubrir el misterio que envuelve a los crímenes del Museo del Prado?

Y, sobre todo, ¿conseguirá salvar la vida?


Datos técnicos

Editorial: Autopublicado (2021)

N° de páginas: 343

Formato: Versión Kindle / Tapa blanda

ISBN: 979-8735760412

Precio 2,99 € / 14,99 €



Impresiones

Hoy nos toca reseñar una novela que me toca relativamente… de cerca. Su autora, Pilar González, es una persona maravillosa a la que he tenido el placer de conocer —cosas de escritores—, reconociendo en ella muchas virtudes, entre las que destacan la afabilidad, el esfuerzo y la constancia. En otras ocasiones, he podido traer a la palestra distintas obras de su puño y letra intentando —y espero que consiguiendo—sustraerme de la persona para centrarme en el texto. Es justamente lo que pretendo hacer esta vez, aún con mayor motivación si cabe, pues la primera entrega de la trilogía inconclusa protagonizada por la detective Julia Soler ha llamado no sólo mi atención sino la de numerosos lectores que la han aupado en la cima de los reconocimientos de una plataforma tan potente como Amazon a la par que un jurado profesional la seleccionaba como finalista del premio Ateneo de Literatura de la ciudad de Sevilla. 

Con tales credenciales, me parece tardía, demasiado incluso, mi intervención en pro de la lectura de una novela que se vende por sí sola y de la que ya existe una secuela, de lectura independiente, que ha acaparado el mismo clamor popular —No se preocupen, que en cuanto la termine la presentaré en este mismo foro—.

No se trata de un título efectista vacío. Es efectista, no hay duda, pero se encuentra anclado en ciertos pasajes que para mi gusto son los más bellos de la novela. Portada elegante que dará pie a la creación de la segunda y que, estoy seguro, inspirará el tercer capítulo, el que puede que esté siendo condenado al final en estos momentos. Tarde, llego tarde…

Julia Soler vive en Sevilla, donde ejerce de detective privado. Se trata de una mujer intensamente influenciada por su pasado, lejanos paisajes que influyen en el modo en que la vida es captada por sus dos ojos, los mismos —gajes del oficio— que deberán absorber la realidad más bella o la más cruenta; al fin y al cabo, Sevilla como telón de fondo y una complicada relación con todo un detective de homicidios como es Diego, su rival, su cómplice e incluso compañero en un juego de roles que termina descubriendo los opuestos al margen del hilo conductor de una trama que se centra en una serie de asesinatos que tienen en común un peculiar nexo. Pero no crean que el nexo se encuentra a las orillas del Guadalquivir. No. Ni siquiera comienza el relato cerca del río. Muy al contrario, lo hace en la linde del Museo del Prado. Quién sabe el protagonismo que algún cuadro en él exhibido pueda tener para el devenir de la historia…

Y hablando de historias, Miradas de Humo es una historia que fluye como el… humo: rápido, con el fugaz ritmo de las escenas que acaban poco después de sernos presentadas, como la nube de incienso o el paso de la cofradía de turno que no quiere entrar en Carrera Oficial sin visitar primero el templo dominico de San Pablo (perdón, de La Magdalena).

Sí, Pilar no puede resistirse a pintar de Semana Santa su cuadro bocetado y las referencias a distintos ritos religiosos parece parte del guion original, aunque sus colores no deben de ser interpretados según el diccionario del folclore, de la tradición ni desde el prima rancio del que tan orgullosa se siente la ciudad.

Conexión Sevilla-Madrid y viceversa, sin AVE que permita añadir juego al… juego, precisamente de los asesinatos por resolver al que terminaremos jugando incluso antes de darnos cuenta. Y Pilar será la maestra de ceremonias, vestida con la túnica de sacerdotisa e incluso con la túnica de nazareno perteneciente a una hermandad conocida o desconocida, que todo puede ocurrir y la mejor de las opciones será conocer primero quién es Julia Soler y como se forjó su personalidad, la misma que se irá desvelando con el paso del tiempo y de las páginas…

Miradas de Humo se lee en un santiamén, y ello dará pie a que la segunda entrega se adquiera antes incluso de terminar la primera, motivo de regocijo de autora y lector, que terminarán comulgando en la misma ciudad, en la misma iglesia y bajo las mismas normas, porque el juego no habrá más que empezado. 

Si algún elogio merece la obra es el de la sencillez, muy lejos de complicados legados cuya lectura exige un considerable tiempo y una pérdida desproporcionada de neuronas —doy fe de esta última afirmación, no en vano algunos “tomos” me tienen más que entretenido y me hacen llegar tarde a las citas anotadas en mi agenda— y parte de la culpa de esa velocidad de crucero la tiene —aquí seré un poco malo— la omisión de comas que yo no hubiese ingerido, pero que al final permiten el efecto deseado.

Vaya, una reseña larga y no he contado nada verdaderamente importante, ¿o acaso lo verdaderamente importante sí esté escondido en la reseña velado por el humo? Existen muchos tipos de miradas, prueben por favor, con las de humo.



Reseñado por Francisco Javier Torres Gómez


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