25 may 2022

«Los diez escalones» de Fernando J. Múñez

 

Reino de Castilla, 1283 d. C. Alvar León de Lara, cardenal de la curia, vuelve a la abadía que abandonó veinte años atrás con el alma rota por un amor imposible. Su maestro desea revelarle algo que cambiará el curso de la cristiandad.

Sin embargo, su llegada desencadenará la tragedia: enigmas tras puertas ocultas, crímenes inexplicables y símbolos que conducen a trampas. Alvar tendrá que enfrentarse a la mujer que desgarró su corazón, a la intransigencia de los cobardes, a la lucha por mantenerse entre los vivos y, finalmente, a los diez escalones.

Fernando J. Múñez, autor del bestseller La cocinera de Castamar, nos transporta en esta ocasión a los mundos ocultos del Medievo, donde los personajes desafiarán a demonios antiguos que aún perviven entre nosotros: los prejuicios, las ideas irracionales y los dogmas inamovibles.


Datos técnicos


Editorial: Booket (2022)

Nº de páginas: 608

Formato: De bolsillo / Versión Kindle

ISBN: 978-8408257554

Precio: 10,40 € / 9,49 €


Impresiones

Supongo que clasificar la presente novela como “El nombre de la Rosa español” sería reiterar una idea que, según creo, ha podido ser sacada a la luz en numerosas ocasiones. No obstante, resulta fácil establecer la analogía y, de entrada, la comparación, lejos de resultar gravosa, es todo un piropo.

Me enfrentaba a estos diez curiosos escalones tras haber hecho lo propio con La cocinera de Castamar, y debo reconocer que ninguno de los títulos me ha decepcionado. En esta ocasión he obtenido un retrogusto aún mejor y estoy seguro de que se trata del anticipo a ver convertida cada letra en el diálogo de personajes de la pantalla. Ya verán…

Me ha parecido muy buena idea sacarse de la chistera esos escalones, diez, como los mismos Mandamientos, para enhebrar una trama interesante en la que el pasado y el presente se funden en el color sangre de la muerte o el negro del dolor y la tristeza.

Alvar, el prelado de Roma que acude a la llamada de su Maestro a tierras burgalesas, se convierte en héroe, un Sean Connery purpurado quien encuentra en el joven Mario, escudero de circunstancia, a su inseparable Adso de Melk. Interesante, verdaderamente interesante.

El amor puede alcanzar cotas tan altas que el mismo Dios no es capaz de equilibrar la balanza que Él mismo diseñó, no para pesar plumas y almas, sino para repartir justicia, divina, muy lejana a la que destilan las figuras de barro que modeló en aquel momento primigenio. Si se le añade a la ensalada un poco de odio, revancha, desamor y traición, el aperitivo que obtenemos no está al alcance de cualquier chef.

Siempre ese frío, presente y ausente, desdibujado, que nos cala con tan solo mencionar términos como “vaho” o “niebla”, el escenario de una gran conspiración que alcanza las propias raíces del cristianismo, precisamente en el lugar, una abadía cisterciense, en la que los votos deberían estar cristalinamente dibujados en la mente de cada miembro de una comunidad religiosa que, es verdad, llega a dar un poco de miedo.

Alvar se convierte en detective. Nadie podía haber aventurado los secretos que llegaría a descubrir, secretos de muerte custodiados en las propias entrañas de la tierra. Y esa tierra ya conoció a las distintas civilizaciones que conquistaron o arrasaron la península a lo largo de la Historia.

Múñez crea ambientes de modo magistral y apuesta por la fórmula más eficaz para ganar adeptos a su causa. Ha estudiado a sus lectores y los ha pescado con el anzuelo de la literatura. Zombis leales, caminarán a sus lado y se dejarán seducir por los cambios de ritmo que aplique a la trama y servirán sin protestar a sus propósitos. Títeres y titiritero.

Pero ¿a qué hace realmente referencia el título de la novela? No se puede responder en este momento. En cualquier caso, la atractiva portada y la presentación del libro invitan a la lectura. No está de más hacerse con un ejemplar, que el verano está cerca, aunque me temo que, como un servidor, la tentación será demasiado… como para esperar tanto tiempo para abrir el paquete.

La condesa sufre. Vejación tras vejación solo queda sitio para la venganza, pero a esta le cuesta hacerse paso. Tiempo de jerarquías insalvables y Dios, desde el Cielo, el suyo, moviendo piezas en su tablero de ajedrez. Los personajes son sus peones y, nosotros, incautos, nos enrocamos para participar en la partida. Múñez cuanta con ello: le gusta jugar.

Tan sólo queda imaginar qué será lo próximo que se sacará de la chistera.

Trabajo impecable. Enhorabuena. Y a seguir leyendo…



Reseñado por Francisco Javier Torres Gómez



Si quieres hacerte con un ejemplar lo puedes hacer desde el siguiente enlace: Los diez escalones



1 comentario:

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