4 may 2022

«El sintonizador» de José Luis Ordóñez

 

Madrid, 1837. El escritor Mariano José de Larra vive en la zozobra que le producen su país y el amor. A pesar de todo, aún dispone de algún tiempo para tener breves encuentros con jóvenes aspirantes a convertirse en escritores... ignorantes de que, tal vez, se disponen a abrir una puerta a la oscuridad.


Costa cantábrica, actualidad. Ricardo Rivas, un octogenario y exitoso escritor al que apodan el Duque de las Letras, recibe en una noche de tormenta la inesperada visita de su hija Elena, una científica de primer nivel. Es un encuentro lleno de recuerdos del pasado, nostalgia y donde flota el deseo de reencontrarse con mayor frecuencia.
Pero no es el único motivo de la visita de Elena.


En realidad, ella trae consigo su nueva invención, el resultado de muchos años de trabajo, un artilugio capaz de explorar zonas tenebrosas y macabras del pasado. Y que, también, podría dar luz a los últimos días en la vida de Mariano José de Larra. Algo, en definitiva, capaz de provocar grandes cambios en la historia.


Datos técnicos

Editorial: Algaida Editores (2022)

Nº de páginas: 312

Formato: Tapa blanda / Versión Kindle

ISBN: 978-8491896999

Precio: 19,90 € / 9,49 €

 

Impresiones

Me he animado. Debí hacerlo antes, cuando lo conocí. Debí haber dado el paso cuando comencé a seguirlo, a interesarme por su trayectoria, por su trabajo, cuando nuestros caminos se cruzaron en charlas, en foros, y en cambio, el tiempo, ese bien tan preciado, se mostró como el obstáculo perfecto para no penetrar en los secretos de sus escritos. Lo escuché, pero no lo leí, y fallé…

José Luis Ordóñez es un tipo sumamente peculiar e interesante y en la primera de sus novelas que leo, me deja un buen sabor de boca, esperado, y muchas preguntas que hacerle, y hacerme… porque tal como cuenta Antonio Puente Mayor en su reseña publicada en El Correo de Andalucía, los libros de este autor no son nada convencionales.

Con El sintonizador, he sentido cómo todo fluía de un modo delicado, no en vano se recurre al recurso de un encuentro, famoso, en el mismísimo funeral de Mariano José de Larra, donde un desconocido Zorrilla recitó unos versos que se someten al escrutinio de la leyenda en cuanto a su génesis. Lanzada la caña, ya solo quedaba seguir leyendo para presentarme a unos curiosos personajes a los que les une un turbio pasado que no se hace pasajero y que vuelve para atormentar y reconciliar, que todo es posible cuando es el tiempo la vara de medir… la vida.

Curioso sintonizador, gran idea la de Elena, la hija del conocido como Duque de Las Letras, científica capaz de crear un artilugio que podría cambiar el futuro y conectar tiempos pretéritos con el presente y aquello que ha de venir, como una borra que puede borrar lo escrito y un lápiz que puede escribir una y cien veces. La única pena es que en el argumento de la novela no se haga mayor uso de esta máquina maravillosa con el fenotipo de un aparato de radio vetusto, porque las ganas de emplearlo en situaciones de lo más variopintas son muy grandes, tanto que he comenzado a esbozar aquellas en que yo mismo lo utilizaría. Todos cometemos errores o decimos lo que no pensamos e incluso lo que pensamos, pero con desafortunada vehemencia. Entonces vendría fenomenal rebobinar y…

Lazo que une el Madrid castizo de 1837 —que quizás hoy no lo sea— con la costa cantábrica en el siglo XXI —como reza la sinopsis—, es lana de una madeja invisible la que nos ata a una trama locuaz y sin demasiados recovecos, atributos ambos que permiten una lectura voraz de 310 páginas en las que hasta da tiempo para lanzar un manifiesto a favor del feminismo bien entendido, el buscado, el ansiado, el no desvirtuado, visión de un futuro por llegar y punto de partida para poder utilizar el aparato que da nombre y vida a la novela de este esforzado humanista al que podremos conocer en distintos medios con tan solo pulsar un par de botones.

Me ha gustado especialmente el papel de Víctor, me ha parecido excesiva la última diligencia de Ricardo y me ha hecho especial ilusión conocer los pensamientos del autor en relación al oficio de escritor, semillas esparcidas al azar por su relato, un modo original de reivindicar lo que todos los que escribimos pensamos, y decimos, y declaramos… aunque nadie escuche.

Algaida vuelve a sorprender con un título atractivo en el que la portada entra por los ojos. Esta, en concreto, se comprende cuando se cierra el tomo y se reflexiona sobre el contenido. En cualquier caso, son tantas las lecturas que pueden hacerse de esta novela, que dudo incluso que el autor sea consciente de que ello es posible. Y es ahí donde podía comenzar otra historia en la que el dichoso sintonizador comenzase a actuar de un modo compulsivo, cayese en malas manos o en manos angelicales, permitiese cambiar los tiempos de ignominia o soñar con utopías o distopías aún por escribir… Me dejo llevar por la imaginación desbordante que despiertan los textos ajenos y confecciono los propios paralelamente a…. En fin, la presente es sólo la reseña de un libro que aconsejo leer y que pienso que puede ser del gusto de la mayoría de los lectores. Ahora, si sobre ella nos animamos a leer a Larra, a Zorrilla y a tantos personajes como nos vengan ala mente en el camino, pues mucho mejor, porque la literatura es un universo con infinitas ramas y es un completo placer utilizar las mismas como lianas con las que poder desplazarse de un escenario a otro totalmente diferente.




Reseñado por Francisco Javier Torres Gómez

 

Si quieres hacerte con un ejemplar lo puedes hacer desde el siguiente enlace: El sintonizador


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