27 sept 2021

«Fin de trayecto» de J. Luis Pastrana

La vida continúa para el ingeniero narrador después de las peripecias vividas en sus primeros años de actividad profesional. Su dedicación al mundo del metal toca a su fin tras un intenso periodo plagado de todo tipo de retos y adversidades, pero también de logros y satisfacciones. Obligado a abandonar la actividad industrial productiva, cae entre las turbulencias de una empresa de ingeniería en pleno proceso de expansión y de acceso a un nuevo producto. Lo peculiar de este insólito entorno dificultará extraordinariamente su adaptación y provocará un importante contratiempo que cambiará para siempre su perspectiva vital. Fin de Trayecto es la continuación de la anterior novela de este autor, Cuarenta estaciones. Ambas pueden ser leídas también en orden inverso.

 

Datos técnicos

Editorial: Grupo Editorial Círculo Rojo (2021)

Nº de páginas: 262

Formato: Tapa blanda

ISBN: 978-8411113441

Precio: 16,50 €    

 

Impresiones

¿Quién me iba a decir que a estas alturas me fuera a enamorar de un ingeniero? Pues los hechos son los que son, y punto. Con la lectura de Cuatro estaciones empaticé con el autor a pesar de utilizar en su novela un lenguaje demasiado… técnico. Pero estando tan bien escrita, llegué a sentir verdadera curiosidad por un mundo que me era ajeno. Incluso llegué a consultar distintos libros para comprender lo que se me presentaban como actos rutinarios en el entorno industrial. Ello llevó a que realizara una reseña en la que advertía al lector de que se trataba de un buen trabajo, pero más propio de mentes cultivadas en los entresijos de la industria.

Fin de trayecto no es una excepción, no es una desviación del camino trazado, no. Se trata de la culminación de una interesante bilogía en la que se repiten guion y formas. Pero ya no me cogen desprevenido las peripecias de este ingeniero sobre el que recae la responsabilidad de entregar una serie de pedidos de gran envergadura que pueden definir el devenir de la empresa para la que trabaja.

El fin de este trayecto tiene también un comienzo, y este se encuentra en Gijón. A pesar de que existe una declaración inicial de intenciones: «La historia que se narra en esta novela está basada en hechos reales. No obstante, las situaciones y personajes han sido adaptados, modificados o creados conforme a criterios narrativos del autor», el amigo Pastrana es un “pillín” y no me cabe duda de que es él el que ha protagonizado las hilarantes, estresantes y kafkianas situaciones que utiliza para ambientar su relato. Desde luego, se trata del paraíso literario para un ingeniero. Para los que no lo somos, se trata de un interesante ejemplo de cómo se puede escribir de una disciplina que dominamos sin caer en el pecado de la repetición y la desidia.

Pues resulta que ahora me gustaría ser uno de los personajes, aunque me conformaría con ser secundario y lanzarle a la cara algunas frescas a esos individuos del astillero que… Bueno, saquen sus propias conclusiones.

Las empresas se organizan de un modo jerárquico. Pastrana es exhaustivo al definir y nombrar cada puesto de trabajo, único inconveniente a la hora de poner en firme el argumento. Todo, o casi todo, es verdad, porque la realidad es compleja, pero hay lectores a los que le dan miedo las descripciones.

La novela ha sido autopublicada bajo el sello editorial Círculo Rojo, aunque podría servir como libro de lectura obligatoria en ciertos ambientes académicos y laborales y por ello lanzo una llamada a estas instituciones, por si a alguna se le apetece innovar en sus cerrados planes educativos. José Luis entiende de aquello de lo que habla, y además es buen profesor, porque enseña utilizando, cuando hace falta, un elemento primordial como es el humor. No, no se vayan a hacer la idea de un libro aburrido, pues las situaciones que se presentan tienen de cómico lo mismo que la vida real. Me encantaría saber cuándo de real y de ficticio posee la novela (buena pregunta).

Supongo y espero que el autor esté sonriendo tras la lectura de esta peculiar reseña en la que creo que se ha desnudado y desquitado a un tiempo, aunque él no lo vaya a reconocer.

Proyectos, encargos, reuniones y países implicados en que las entregas se realicen a tiempo con el grado de perfección que se supone y que se incluye en las especificaciones, por si acaso. Contratos que hay que leer al pie de la letra para que las relaciones no de deterioren, un consentimiento informado en toda regla, esta vez en el ámbito empresarial e industrial. Y unos japoneses que protagonizan una escena muy divertida en un “meódromo”.

Evaristo y Gregorio bien valen una lectura. No se pierdan la salida del aparcamiento del aeropuerto y lo que sucedería después. También está resuelta la escena hospitalaria por exceso de estrés —que me ha recordado que mi ritmo de trabajo y creación no es nada recomendable— y que espero que se trate de la parte ficticia de la historia. Mientras, el petrolero Prestige sufre un percance frente a la cota gallega…

En fin. A leer se ha dicho. 



Reseñado por Francisco Javier Torres Gómez

 

Y si no se ha dicho, lo digo yo. Si quieres hacerte con un ejemplar lo puedes hacer desde el siguiente enlace: Fin de trayecto

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