16 ago 2021

«Cuarenta estaciones» de J. Luis Pastrana

 

Terminados sus estudios de Ingeniería, el narrador se zambulle en el mundo del trabajo. Comienza su singladura en una centenaria empresa del sector cerámico, modesta pero bien organizada. En plena actividad en la fábrica de cerámica, y con proyectos importantes en curso, el grupo de empresas para el que trabaja lo destina a una factoría de vidrio recién adquirida, en la que se están produciendo todo tipo de problemas. Satisfecho su periodo en el sector del vidrio, es llamado al de la transformación metálica, donde continúa su formación sin fin. Cuarenta estaciones narra el día a día de las fábricas de cerámica, vidrio y transformación de metales, visto desde los ojos de un ingeniero «recién» titulado. Conceptos técnicos y experiencias humanas se trenzan en un todo apasionante, imposible de olvidar.

Datos técnicos

Editorial: Círculo Rojo (2021)

Nº de páginas: 326

Formato: Tapa blanda

ISBN:  978-8413982557

Precio: 16,50 €

 

Impresiones

Se trata, esta, de una reseña un tanto peculiar por distintos motivos. El primero de ellos es que tengo una deuda con el autor, que tuvo la amabilidad de hacérmela llegar y, debido a la carga de trabajo, he ido posponiendo su lectura hasta que las vacaciones que han regalado un par de jornadas para dar cuenta de una novela…distinta. El segundo motivo ya ha sido anticipado con el primero pues deseo recalcar que se trata de un libro distinto. La pregunta para formular sería «¿por qué?»

No me cabe ninguna duda de que el autor, que publica de modo independiente bajo el sello Círculo Rojo, es no solo culto, sino que sabe de letras lo suficiente como para escribir y hacerlo bien. La novela está muy bien estructurada y escrita. Felicidades, pues, por alcanzar un nivel de redacción que ya quisieran otros y otras que venden muchos más ejemplares. Hasta aquí todo bien.

Pero el texto, distribuido en tres bloques temáticos: loza, vidrio y metal, cuenta las experiencias del protagonista (alter ego del autor) en distintas empresas en las que entra a trabajar como ingeniero. Sabemos que esto del trabajo está mal en este país y que cada vez es más necesaria la especialización en cualquiera de los campos en los que se inserte un trabajo, casi cualquiera de los que se nos puedan ocurrir. Pues el personaje que se ve impelido a tratar tan distintos sectores, es bueno en lo que hace, tiene ideas propias y un sentido de eficacia y eficiencia que pueden llegar a resultar envidiables. Ello condiciona el reconocimiento de sus superiores —no está mal que este tenga lugar de vez en cuando—, pero en la narración no hay suspense, amor, aventura ni ninguna de las temáticas que más buscan los lectores a la hora de elegir sus lecturas. Claro que no es el objetivo del autor tomar esos derroteros.

Cuarenta estaciones puede resultar un libro muy “técnico”, y de hecho lo es, pero está muy bien escrito y engancha a pesar de que la temática resulte, cuanto menos, “extraña”. Contra ello, siempre hay recursos, como la compartimentalización, en este caso en 51 capítulos que hacen de la lectura un ejercicio ameno que no deja secuelas psicológicas relacionadas con el trabajo.

Creo que es un libro que volveré a leer porque albergo dudas acerca si he sabido sacarle todo el jugo que contiene. Es lo que tiene leer a un ritmo más que aceptable en el que la sorpresa está siempre escondida detrás de cada esquina, en este caso, página. Ha habido momentos en que me he podido perder y, en cambio no lo he hecho. Es mérito del autor que ello no hay ocurrido. Ahora, es un libro que a mi juicio no es apto para todos los públicos. Aquellos relacionados con las labores de empresas y fábricas encontrarán más argumentos para la lectura que aquellos otros que solo buscan el puro entretenimiento de no más de diez minutos o el que ofrezca el rato de sombra bajo la sombrilla. Es un libro para estar atento y no admite demasiadas distracciones, pero en la variedad está el gusto.

Desde luego, el amigo Pastrana arriesga, y lo sabe, y es por ello por lo que creo que merece que todos le demos una oportunidad convirtiéndonos en sus lectores. Yo lo he hecho. ¿Qué harán ustedes?

Si hay algo que caracterice las reseñas de este blog, al menos las que yo derramo, es la variedad. Me niego a plegarme a los convencionalismos, y si tengo que convertirme en la voz de los débiles —entiéndanse estas palabras en el contexto apropiado—, lo haré sin pensármelo dos veces. Otra cosa es que acierte o falle, ambos juicios que no dependen de mi acción y consecuencias. En fin, sigo leyendo y mando un abrazo a José Luis Pastrana, al que no tengo el gusto de conocer, pero puede que en la estación número 41 podamos intercambiar unas palabras. Yo le hablaré de Medicina o de Literatura.

Reseñado por Francisco Javier Torres Gómez


Si quieres hacerte con un ejemplar lo puedes hacer desde el siguiente enlace: Cuarenta estaciones 

 

1 comentario:

  1. ¡Hoooola!

    Ummm pues creo que no he leído nunca un libro sobre este tema, desde luego sí que es original. De todas maneras, no se si la ingeniería me interesa demasiado y que esté escrito de forma técnica es algo que me echa un poco para atrás, aunque veo que no has tenido problemas con eso.

    ¡besos!

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