7 jul 2021

«A los ojos de Dios» de Domingo Terroba

 
Intenté huir, pero alguien me golpeó en la cabeza y caí al suelo. No recuerdo nada más. Cuando abrí los ojos estaba en un lugar oscuro y frío. Abba, me miraba serio. Alce la mano, pero me dijo que no podía tocarlo, porque yo estaba muerto. La casa siempre estaba a oscuras. Mama pasaba largas horas llorando sentada en la butaca frente a la chimenea, con mi foto en las manos. Yo sabía que no estaba muerto, cómo sino podía acercarme a ella de noche mientras dormía, tocarle la cara, acariciarle el pelo. Abba, el rabino, decía que no era más que una ilusión de mi espíritu, que ni siquiera su imagen era real cuando me hablaba. Dijo también que el Sheol, ese lugar donde van las almas impuras, es un sitio confuso, donde los muertos creen estar vivos y actúan como si así fuese. Pero yo no estoy muerto. Ni vivo en ese infierno. Sino en casa, en mi casa. Aunque no entiendo por qué nadie puede verme. Una novela escalofriante, con una fuerte carga emocional y dramática. Donde la fe judía, los prejuicios sociales y el complejo mundo de la mente, van unidos de la mano.
 
Datos técnicos
Editorial: Auto publicado (2020)
Nº de páginas: 369
Formato: Tapa blanda / Versión Kindle
ISBN: 979-8682841943
Precio: 14,56 € / 4,74 €
 
Impresiones
 
Se trata, este, de un título que le pedí al propio autor una vez que lo vi anunciado en redes. A veces se trata de mi “modus operandi”. Lo hago cuando un libro llama mi atención y, a pesar de tener la mesa o el disco duro repletos de ejemplares, pretendo cambiar de aires, de recorrer las líneas de uno en concreto que no constituya parte de “mi trabajo”. A veces recibo feedback (muchas); otras veces, no (pocas), y el resultado solo se encuentra en las páginas, físicas o virtuales, de historias, ensayos, cuentos… heterogéneos que tienen en común la confianza depositada en mi hacer por quien escribe, por quien promociona, por quien dirige o por quien me “dirige”. Así son las cosas que orbitan en mi peculiar universo literario.

No tengo el placer de conocer a Domingo Terroba y es de agradecer la deferencia que ha tenido conmigo hasta culminar con esta reseña, aspecto que pretendo poner en valor, del mismo modo que no puedo obviar que se trata de una persona que estoy seguro de que se ha volcado en la confección de este libro con portada y título tan sugerentes. Comencemos.

A los ojos de Dios bien podría tratarse del guion perfecto para una película o miniserie. De hecho, me he imaginado cada escena con la lluvia o la nieve, el viento y la cadenciosa melodía de un piano anciano haciendo las delicias de los amantes del género. Género negro, con notas de suspense, terror, ese ambiente que suele ser calificado como “psicológico” y que tantos epítetos distintos admite. A mí me gusta hablar (o mal hablar) de género “de tensión”.

El lector se pegará al argumento como una abeja a la miel y, a pesar de que poco a poco se acabe el dulce, permanecerá fiel a su trampa mortal, una historia en la que surgirán preguntas que habrá que ir resolviendo, si es posible hacerlo…

Pero recuerden que en el título aparece el término “Dios”, muy comercial desde mi punto de vista, muy acertado desde el de las editoriales, muy eficaz siempre, y seguro que Terroba no cree en las casualidades.

Argumento: perfecto. ¿Previsible?: Ya veremos. Historia desarrollada en tres tiempos con la simetría que queramos otorgarle, cada uno de ellos un hechizo, un bebedizo con el que podemos salir envenenados, con ganas de leer más, y ahí está el problema, en las ansias de lectura, que harán del viaje literario un trayecto corto. Una vez llegados a destino solo quedan dos opciones: releer o buscar otro título. Eso sí, recomendando este. Merece la pena.

Formas: aparte de los gazapos imposibles de evitar ni siquiera al amparo de las grandes formas, una estructura muy correcta, sin excentricidades, un lenguaje flexible y asequible, y la invitación a muchos términos hebreos que, para quien no se maneje bien con ellos, son facilitados y desglosados precisamente en un glosario final (es esta una buena pista argumental).

Me encantaría pasar a diseccionar la trama, pero podría caer en el frecuente error de hacer un spoiler, tan poco deseado por autor y lector. Por tanto, ya saben, no será aquí donde satisfagan esa curiosidad insana de leer un libro sin haber pasado una sola página. Ello queda compensado con la garantía de diversión, de tensión, de adición incluso. Vamos a leer ¿no?

Querido Domingo, espero poder leer Oculto en la memoria si resulta de tu agrado la presente reseña y, si recoges el guante, una vez leídos los dos títulos, te invitamos a un café-entrevista en el que estoy seguro de que disfrutarás de lo lindo. 


Reseñado por Francisco Javier Torres Gómez
 
 Si quieres hacerte con un ejemplar lo puedes hacer desde el siguiente enlace:  A los ojos de Dios
 

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