10 may. 2020

«Irina: Crónica de una huida» de Eduardo Talegón

Irina

«Irina: Crónica de una huida» de Eduardo Talegón

¿Qué estarías dispuesto a hacer para escapar de la guerra cuando el terror, la pérdida de seres queridos y una pesadilla continua te llevan a tomar decisiones impensables?

Bosnia, 1991. Tras el inicio de los bombardeos del ejército serbio sobre población civil inocente, Irina, una chica musulmana de dieciséis años que hasta entonces había tenido una vida tranquila, se encontrará ante una aterradora situación, viéndose abocada a tomar decisiones trascendentales que la dejarán marcada de por vida. La huida de la población donde había nacido y donde sus familiares llevan décadas viviendo en paz y armonía se verá condicionada por la ayuda de quien menos cabría esperar.


El autor narra con una riqueza de detalles la crónica de la desesperación, el dolor, la tristeza al tiempo que la valentía y el coraje. Un conjunto de sensaciones acompañadas de un extraño sentimiento que despierta en su interior en el momento menos esperado. El personaje encontrará un resquicio de luz y una ayuda en una de las personas que menos cabe esperar en el escenario donde se desarrolla la acción.

Datos técnicos
Editorial: autopublicado (2019)
Nº de páginas: 569
Formato: Tapa blanda / Versión Kindle
ISBN: 978-1693731518
Precio: 15,81 / 0,99€

Sobre el autor: Eduardo Talegón

Impresiones
Irina es una niña obligada a convertirse en mujer. Con tan solo 16 años, sus ojos han visto la maldad en primera línea. Se trata de una generación abocada al horror y a la extinción. Muchos bosníacos, palabra despectiva con la que los serbios se referían a sus hasta entonces vecinos musulmanes, murieron en un conflicto bélico sin precedentes desde la Segunda Guerra Mundial mientras la comunidad internacional hacía oídos sordos y dejaba hacer. Un conflicto fraticida, étnico, cuyo objetivo era erradicar a una población inocente y desasistida en la que se cebó la crueldad del ser humano.

Irina es un ejemplo de valentía y superación si bien muchas, muchísimas mujeres como ella, sufrirían la misma suerte que su familia: la muerte o lo que es aún peor, la mutilación y la vejación.

Es esta la primera novela de Eduardo Talegón, una perfecta ópera prima autoeditada que sorprende por no haber sido el objetivo de ninguna editorial pues su estilo y ritmo narrativo la convierten en un libro apetecible para su comercialización y difusión.

Eduardo declara en la presentación de la novela que le debe mucho a sus profesores, y en concreto al de literatura, a quien considera culpable de haber descubierto en las letras un refugio difícilmente igualable. Curioso resulta también haber escogido un drama bélico para estrenarse en estas lides (escritos no profesionales aparte). 

Aquellos que llevamos muchas lecturas a nuestras espaldas no podemos evitar descubrir ciertas analogías argumentales con la celebrada La rosa escondida de Reyes Monforte, si bien Eduardo centra la trama en el dolor y en la huída hacia la libertad mientras que Monforte se recrea en la descripción de la tortura y la vejación. Ambas tienen en común un canto a la esperanza aun cuando parece que todo está perdido, símil inevitable de la situación que nos toca vivir. 

Hay luz al final del túnel, pero el dolor es el peaje necesario para alcanzar la otra orilla de la laguna Estigia.

Reconozco que me ha sorprendido la valentía con la que Talegón se entrega a la pormenorizada huida en los márgenes del desafortunadamente famoso río Sava, fuente del Danubio que nace en Eslovenia para morir después de haber atravesado la belleza que se convirtió en desolación en unos años paradójicos en los que España celebraba la Exposición Universal de Sevilla o batía su propio récord en el medallero en los Juegos Olímpicos de Barcelona.

Aquellos que conocieron Yugoslavia, nunca pudieron comprender la medida en que el paraíso se tornó en infierno. Pero la religión demostró, una vez más, ser un motivo de desunión.

El autor puede presumir sin complejos de haber ejecutado una trama creíble y angustiosa en la que el lector se ve arrastrado de modo ineludible, descubriendo de modo larvado una sucesión de horrores de guerra que se intuyen como exacerbación del odio que anida en el corazón de los hombres. 

Irina es un icono, un símbolo de una generación perdida, y al mismo tiempo, de una generación de supervivientes que tuvieron que cambiar de modo de vida, de creencias y hasta de identidad para poder, sencillamente, seguir ejerciendo el derecho fundamental que es la vida.

Los bosnios son los buenos y los serbios los malos. No es tan sencillo pero desde luego es la conclusión más simplista que se puede extraer de los bandos en conflicto. Existen pinceladas en las que se describe el miedo de las poblaciones croatas colindantes con Serbia y con Bosnia, y sobre todo ello persiste el apunte de la solidaridad de quienes siguieron viendo el sinsentido del conflicto armado, gentes anónimas que murieron por defender sus ideales y una paz en la que creían firmemente. La paz no entiende de banderas.

Creo, sinceramente, que la historia de Irina debe ser leída y debemos reflexionar sobre lo que nos cuenta y enseña a un mismo tiempo.

Al no tratarse de un libro asequible en todas las librerías, recomiendo su adquisición a través de plataformas como la de Amazon. 

No es un libro apto para quienes huyen de la tristeza. Todo lo contrario para los que encuentran en una historia interesante y bien escrita un motivo de evasión de su rutina, o aquellos que simplemente desean descubrir a nuevos talentos por el simple hecho de hacerlo y huír así de las rutas literarias comerciales que tan del agrado del gran público resultan. Son tantos los buenos escritores que se encuentran privados de la difusión que merecen… Desde aquí rompo una lanza a su favor.

Eduardo, estaré esperando tu próxima novela para leerla.




Reseñado por Francisco Javier Torres Gómez

Si quieres hacerte con un ejemplar puedes hacerlo desde el siguiente enlace: IRINA: Crónica de una huida

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