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Entrevista a Álvaro Escudero, autor de «El nómada de Ággar»

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Si hace unos días publicábamos la reseña de “El Nómada de Ággar”, hoy le toca el turno a la persona tras la historia. Álvaro Escudero, nacido el Día del Libro de 1985, lleva años escribiendo, pero fue el año pasado cuando finalmente publicó su primer libro, “Él Nómada de Ággar”, una historia enmarcada dentro del género greenpunk sobre una Tierra futura desolada y sumida en el misticismo. Hoy sale a la palestra para responder nuestras preguntas.

Cuentas en tu página que eres programador. De informático con aspiraciones a escritor a informático que ya lo es, ¿cómo o cuándo sacas ánimo para escribir, siendo que desempeñas un trabajo que puede ser mentalmente agotador?

Precisamente por ser dos disciplinas tan diferentes es por lo que creo que son compatibles. Para mí, escribir es una vía de escape, un refugio al final del día donde poder volcar las ideas que se me han ido acumulando en la cabeza. Más que un esfuerzo, es un momento de desahogo. Además, como buen informático, tengo mi vena friki; inventar historias y querer darles forma supongo que me viene casi de fábrica.

En relación con esta última pregunta. Nuestra disciplina, la informática en este caso, forma parte de una rama (Tecnología, Ciencias) que se representa siempre de forma opuesta a todo lo que tenga que ver con las letras. Muchas veces, se espera casi que las odiemos. ¿Qué opinión te merece esa visión, y cómo te sientes tú, a nivel personal, relacionado con esas dos disciplinas?

La pregunta es complicada. Sí es cierto que en muchas ocasiones ocurre lo que comentas, en ambos sentidos. Gente “de ciencias” que siente aversión por las letras y gente “de letras” que siente aversión por las ciencias.

En mi caso, que me haya dedicado a algo relacionado con la tecnología no hace que deje de interesarme por el resto de disciplinas humanas. Me atrae la historia, el cine, la literatura, la tecnología, la psicología… Disfruto aprendiendo cuando escucho a alguien que sabe transmitir.

Creo además que vivimos en una época perfecta para la divulgación, sea del tipo que sea. Uno de los pasatiempos que tengo últimamente es visitar canales de youtube que hacen un trabajo de divulgación sensacional, ya sea de ciencia (Quantumfracture), música (Jaime Altozano) o incluso arquitectura (Ter), por poner algunos ejemplos.

Como apunte, siempre me gusta señalar que da la sensación de que una persona solo es culta si sabe de historia, de literatura, de pintura, arquitectura, etc… pero no ocurre lo mismo con las ciencias. No se considera “inculto” al que apenas tiene nociones de matemáticas, física o biología, y creo que es un error en el mundo en que vivimos. No tener una base mínima científica propicia el florecimiento de las pseudociencias, de los antivacunas, de los terraplanistas… Creo que hoy en día es mucho más urgente que todos tengamos una base científico-tecnológica más que saber en qué año nació tal autor o en qué siglo sucedió tal guerra.

El Nómada de Ággar” ha salido adelante gracias a un proyecto de crowdfounding (microdonaciones de dinero a través de internet para sacar adelante proyectos), así como un patrocinio de Más y Mejor. Háblanos un poco del proceso, de tus expectativas cuando empezaste, del tiempo que has tardado, etc.

A la hora de publicar siempre se presentan dos opciones: confiar en una editorial o probar suerte con la autopublicación. A poco que sepas algo de este mundillo, sabes lo complicado que es que una editorial se interese por tu manuscrito y le dé la atención que esperas que reciba. Entrar en una de las grandes, siendo un autor desconocido, es poco menos que imposible, y las pequeñas muchas veces te ofrecen prácticamente lo mismo que conseguirías tú por tu cuenta con un buen asesoramiento, así que opté por la segunda opción.

Un crowdfunding consiste, para entendernos, en hacer una preventa del libro. Pones una cantidad mínima a la que esperas llegar para que el proyecto salga adelante y empiezas a promocionarte para que la gente lo compre. De esta manera te aseguras una serie de ventas que te van a ayudar a cubrir los costes de producción, que no son pocos: corrección, maquetación, portada, impresión…

Es un proceso en el que entra en juego la confianza que puedas generar para conseguir la mayor cantidad de “mecenas”, por lo que es importante cuidar la presentación (booktrailer, ilustraciones, vender bien el proyecto...) y, por supuesto, ofrecer recompensas al alcance de todo el mundo, desde gente que solo pueda permitirse comprar el libro electrónico hasta aquellos que quieran hacer una contribución más potente, como fue el caso de Más y Mejor, ofreciendo recompensas tan molonas como poder formar parte de mi próximo libro como personajes de la historia.

Centrándonos un poco en la historia.
Háblame de la creación de personajes. A título de novato, cuando he intentado escribir algo y he querido crear algún personaje, he acabado casi creando personajes a partir de gente de mi entorno y de mí mismo. ¿Cómo lo has hecho tú?

Con el tiempo me he dado cuenta de que sentarte delante del ordenador o la máquina de escribir “a crear”, no funciona. Es un trabajo que lo tiene que hacer el cerebro en segundo plano mientras estás paseando, en la ducha, viajando en el metro o viendo la televisión.

En mi caso, cada vez que tengo una idea, por sencilla que sea, saco el móvil y la apunto. Por ejemplo, el personaje de Al-tanir y todo lo que tiene que ver con Ciudad del Árbol se me fue ocurriendo durante un viaje a Santiago de Compostela. Para mí, viajar es una enorme fuente de inspiración, suelo volver con decenas de notas apuntadas. Lo mismo ocurre cuando estás con un libro, cómic o incluso serie de televisión. Ves una idea que hace clic en tu cerebro, la conectas con otra y de pronto se te ha generado un universo de posibilidades en la cabeza sin que te des cuenta.

Es al llegar a casa cuando coges todas estas notas y les das forma. Cuando pules, descartas, amplías, combinas… Necesitas sentarte con material con el que trabajar. Mirar al techo y querer sacar un buen personaje de la nada es poco menos que imposible.

Lo mismo digo con el entorno, el world-building por usar una palabra inglesa. ¿Cómo lo has hecho? ¿Tenías en mente algún lugar en concreto?

La creación de Ággar fue complicada. Quería describir una posible versión futura de nuestro mundo en la que prácticamente todo se ha agotado. El agua, la vegetación, casi incluso el aire. Pero claro, cómo hacer interesante un mundo en el que casi no queda nada, un mundo vacío. Tuve una pequeña crisis en este aspecto, hasta que me di cuenta de que podía utilizar esto como una ventaja. En un mundo donde no hay vegetación, la gente sería capaz de adorar un árbol que produce frutos. En un mundo en el que se ha perdido toda civilización, la visión de las ruinas de nuestras ciudades podría resultar aterradora. Me di cuenta de que no importa que el escenario esté vacío, la historia la cuentan los personajes.

En cuanto a si tenía un lugar en concreto, lo cierto es que todo lo contrario. No quería que nadie fuese capaz de ubicar dónde se encuentra exactamente la estepa que describo. En la portada del libro aparecen las cuatro torres de Madrid, pero fue una licencia artística de Eduardo Maqueda. Me enseñó los primeros bocetos y me gustó cómo quedaba. Creo que llama la atención y despierta el interés, pero solo sirve para jugar al despiste.

Cotilleando tu página veo que este libro no tiene nada que ver con ninguno de los anteriores, en cuestión de temas. ¿Qué te inspiró a probar suerte en el género greenpunk? ¿Tienes algún autor o película de este género que recomendarías a otros?

El tema de la ecología ha sido siempre algo recurrente en mi cabeza. Cuando tenía unos doce años jugué a Final Fantasy VII, un juego que me marcó en diversos aspectos, quizá por lo joven que era, y que me hizo ver el planeta como un niño asustado en la inmensidad del espacio al que alguien tiene que proteger y, efectivamente, ese alguien somos nosotros.

En este aspecto, aunque no es una de mis películas favoritas, me gustó mucho lo que hizo James Cameron en Avatar. Combinar espiritualidad, biología y geología de una manera tan sencilla y original me dejó muy buena sensación. No es muy diferente de lo que ocurre en El nómada de Ággar, aunque con algunos toques más de fantasía que Avatar no tiene y, por supuesto, sin aliens.

En la reseña que escribí comenté que había cosas del libro que me recordaban a personajes de otras historias. Ahora te toca contar cuales han sido tus referentes y/o inspiraciones.

Como ya he mencionado, una gran inspiración ha sido Final Fantasy VII. También creo que Dune de Frank Herbert ha tenido mucho que ver con la creación de Ággar, aunque es algo que me di cuenta a posteriori. Para Banila utilicé como base a Lagertha de la serie Vikings, quería un personaje así en mi historia y tomé bastantes cosas de la vikinga. Para la creación de algunas costumbres en Azram que tienen que ver con el consumo de opiáceos y los zaríes cogí muchos detalles de la secta de los asesinos.

En cuanto al perro, desde muy joven he tenido siempre perro, así que supongo que no es más que un reflejo de mí mismo en el protagonista. Una de las sagas de fantasía que siempre me han gustado es El Ciclo de la Puerta de la Muerte, y el protagonista también tiene un perro, así que supongo que puede servir como referente de algún modo.

¿Podrías confirmarnos la continuación del libro, o algún otro proyecto futuro que tengas entre manos?

El nómada de Ággar fue concebido como una obra independiente, la historia de un viaje, con un principio y un final, y en principio no entraba en mis planes que tuviese continuación. Sin embargo mucha gente me ha preguntado si habrá continuación (tengo incluso una amenaza de divorcio si no la hay), además de un montón de notas, apuntes y teorías sobre lo que ocurriría en Ággar después de la historia. Así que es posible que algún día haya una continuación a las aventuras de nómada, pero no será pronto.

En cuanto a proyectos futuros, estoy trabajando en una trilogía de corte más juvenil que podríamos calificar como fantasía urbana. Sin desvelar apenas nada, va de un grupo de jóvenes que se enfrentan a la oscuridad. Quiero intentar publicar la trilogía del tirón, por lo que no lo moveré hasta que tenga los tres escritos. La buena noticia es que en poco más de un año he completado el primero y buena parte del segundo, así que con suerte saldrá más pronto que tarde.

Te toca venderte un poco. ¿Por qué consideras que tu libro merece ser leído? ¿Hay algún valor que creas que merece mucho la pena propagar?

Si hay algo que se nos da mal a los escritores es ponerle título a nuestras obras, encontrar buenos nombres para los personajes y, por supuesto, vendernos a nosotros mismos, pero lo voy a intentar.
Independientemente de la temática, como ya he dicho antes, El nómada de Ággar es un libro que se cuenta a través de sus personajes. La gente que lo ha leído suele decirme que ahí es donde está el punto fuerte de la novela, en la facilidad para empatizar con ellos, en vivir sus penas y traspiés, que no son pocos, junto a ellos y avanzar por la historia casi sin darte cuenta.

Además, elementos fantásticos aparte, creo que visitar un mundo consumido por los excesos que cometemos hoy en día no deja de ser interesante. Hay gente que me ha llegado a decir que se acuerdan de Ággar cada vez que deciden viajar en transporte público en lugar de en coche o a la hora de tirar basura en el contenedor apropiado.

Por último, lo más importante. ¿Cómo se llama tu perro?

Auron, es un mestizo de galgo y podenco. Cuando lo adoptamos se llamaba Sauron, ¡pero tiene demasiada cara de buen chico como para llevar ese nombre!

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