«El nómada de Aggar» de Álvaro Escudero


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¿Qué harías si solo tú pudieses escuchar el pulso moribundo de la tierra?

La civilización ya no existe. Los recursos naturales se han agotado. Apenas queda agua dulce en la superficie del planeta.
Las antiguas ciudades se han convertido en siluetas aterradoras que perfilan la suciedad y el polvo que ensucian el aire.
En las montañas de Fantra, un hombre puede escuchar el lamento de la tierra y sentir la enfermedad que la consume.
La necesidad de comprender su don le llevará a convertirse en nómada y recorrer los caminos de la estepa para desvelar la verdad que oculta el mundo.

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Hace incontables inviernos, los precursores desaparecieron de la faz de Ággar. El mundo enfermó, el agua dulce comenzó a filtrarse por la corteza de la tierra y la naturaleza se marchitó. El latido del planeta, que durante tanto tiempo había latido con fuerza, se volvió trémulo y débil. Ággar se convirtió en una estepa sin fin. El cielo se cubrió de polvo y ocultó las estrellas.

Algunos días, cuando el viento sopla con fuerza y consigue abrir ese manto de suciedad que contamina el aire, pueden verse los restos del antiguo mundo, que, con el tiempo la superstición de los caravaneros y otros esteparios, han terminado llamando las Montañas Huecas.

En el corazón mismo de la Estepa, en las montañas que limitan la gran Meseta de Fantra, vive un hombre con un don muy especial. Puede escuchar el latido moribundo de Ággar, y también las voces de los que vivieron antes que él y no pudieron abandonar la Estepa.

Estas voces y una enorme pérdida le llevarán a comenzar un peregrinaje para buscar el mismo corazón de Ággar y, quizá, encontrar una cura al mal que lo consume.

Esta es la historia del Nómada de Ággar y de todos aquellos que se cruzaron en su camino. Y, por supuesto, también del perro.

Datos Técnicos

Editorial: Círculo Rojo
Número de páginas: 485 
Encuadernación: Tapa blanda
ASIN: B07D2DPX51
Año de edición: 2018
Precio: 20 €

Sobre el autor: Álvaro Escudero

Impresiones

Imagina un día como hoy dentro de algunos años. La Tierra está prácticamente deforestada. El clima se ha vuelto extremo. Especies que hoy ni siquiera están en peligro de extinción, desaparecidas. La sequía se convierte en algo habitual. Los combustibles fósiles están acabándose, y no hemos sido capaces de encontrar sustitutos viables. Un día, sin previo aviso, empiezan a producirse apagones puntuales. Al poco tiempo, la electricidad se convierte en algo del pasado. Por otro lado, las guerras entre naciones se suceden con frecuencia. Guerras por los pocos recursos que quedan. Ante las sequias y la deforestación, la corteza terrestre ha empezado a erosionarse rápidamente. Las tormentas de arena son el pan de cada día. Los años se convierten en décadas, las décadas en siglos, y la situación sigue empeorando. Los desiertos, las tormentas de arena, el aire lleno de polvo: todo esto forma parte del día a día en esta nueva Tierra. La cultura del presente se deforma con el paso del tiempo, volviendo la raza humana (lo que queda de ella) a una época de misticismo y espíritus, hasta un punto en que a las ciudades abandonadas se las denomina “Montañas Huecas” y se las considera lugares malditos. Esta situación, o una parecida, nos sitúa en el mundo descrito en “El Nómada de Ággar”.

En el mundo creado por Álvaro Escudero, acompañamos a Kartán, nuestro querido Nómada, en su búsqueda de respuestas. Desde que era pequeño, y al igual que su madre, Kartán es capaz de escuchar el latido de la Ággar, nuestra actual Tierra. Cuando se concentra y vacía su mente, puede sentir la vida del propio planeta, una vida que está apagándose. Además de esto, Kartán puede «sentir» a los espíritus de la Estepa: vestigios de otras vidas pasadas, almas que no han cruzado al otro lado y han quedado estancadas en Ággar. Kartán quiere saber más sobre su poder, sobre Ággar, sobre su enfermedad, sobre cómo la Tierra enfermó, sobre los precursores (nosotros mismos, los humanos de la actualidad), si hay otros como él, si Ággar se puede salvar: en un mundo en que las telecomunicaciones son algo casi mitológico y fantástico, a Kartán no le queda otra que viajar. Viajar a otras partes del mundo, atravesar la Estepa, indagar en leyendas intentando dilucidar qué es realidad y qué es fantasía.

Kartán comienza su viaje el día que muere su madre. Aunque no se dice explícitamente, podemos asumir que el nómada se encuentra aproximadamente en la veintena de edad. Para realizar su viaje, éste tiene que enfrentarse a la Estepa: una extensión aparentemente infinita de desierto en la que el viento sopla siempre lleno de polvo. La supervivencia en la Estepa requiere estar muy preparado, puesto que cualquier desplazamiento supone varios días de exposición a las inclemencias. No obstante, el nómada tiene una ventaja: gracias a su don, puede encontrar riachuelos y acuíferos subterráneos. Por lo demás, es una persona envuelta en capas de ropa luchando con el viento y la arena. Al poco tiempo de empezar su peregrinaje, Kartán oye hablar de los virenaki, los pastores de ceburos. Aparentemente, la mitología de este pueblo norteño contiene respuestas a las preguntas de nuestro nómada. Es por esto que Kartán decide intentar llegar a su asentamiento, si bien habrán de pasar muchas cosas hasta que finalmente pueda conocerlos.

Aunque me considero casi un detractor de las novelas distópicas, este libro ha conseguido aliviarme ese mal sabor de boca. Tan acostumbrado como estaba a novelas insulsas de adolescentes, leer una distopía que nos plantea una verdad incómoda (los humanos estamos cavando nuestra propia tumba si no moderamos nuestro estilo de vida) y que me ha descubierto un nuevo género, el greenpunk, es al menos un soplo de aire fresco. Dado que me gusta el género fantástico algo más que la ciencia ficción, he agradecido el tono místico que le aportan al conjunto los poderes de Kartán. Me han recordado mucho a los poderes de Toph Beifong, de «Avatar: La Leyenda de Aang». Toph es una maestra de la Tierra y es ciega, por lo que usa sus poderes a modo de sonar para poder ver. Cada vez que Kartán usa sus poderes, yo me acuerdo de Toph. Tanto si es un guiño como si no, para mí ha sido algo muy agradable.



La historia se cuenta de forma circular: empieza con el nómada encontrando a un antiguo amigo, Al-tanir, y contándole toda su historia hasta el momento presente. Además de a Al-tanir, Kartán conocerá a más personas en su viaje, todas importantes y añadiendo lecciones y sabiduría a su ser, siendo mi favorito, por supuesto, el perro.


Esta imagen es de “Soy Leyenda”, pero es muy representativa

Me resultan también muy curiosas las formas tan sutiles que hay en el libro para dar constancia del paso del tiempo. Casi el único animal, aparte del perro, que aparece en el libro es el ceburo, que en esencia es un buey que se ha adaptado a las inclemencias de la Estepa. De esta manera tan sutil, presentándote una especie con ciertas variaciones respecto a lo que conocemos el presente, el autor nos está diciendo que ha pasado tiempo suficiente como para que podamos ver la evolución darwiniana de una especie, un proceso extremadamente lento. Me ha gustado también la forma en la que se deforma el conocimiento que se tiene del pasado, al carecerse de registros o medios para registrarlo. En varios momentos, Kartán hace referencia a dioses de la civilización antigua, a saber, «Yavhiv» y «Allahl». Al deformar ligeramente el nombre de dioses que conocemos actualmente, «Yavhiv» para «Yahveh» y «Allahl» para «Alá», el autor nos deja sentir de primera mano esa deformación provocada por la tradición oral y la falta de registros y de información.

En términos generales, he disfrutado mucho de la historia y de la realidad que nos presenta, si bien es cierto que los tramos en los que el nómada abandona su ruta espiritual se me han hecho más lentos y me he aburrido un poco. Tampoco me ha gustado (y esto es algo más personal) el hecho de que, al acabar cada capítulo, mientras el nómada cuenta su historia, básicamente la línea de cierre es algo del tipo “No nos imaginábamos qué pasaría después”, “Eso fue solo el principio”, “Lo peor estaba por venir”, etc. He visto cómo se abusaba de estas frases en otros medios para crear expectación, quedando muchas veces la cosa en un «clickbait», y ver que los nexos entre capítulos se les parecían tanto me dejaba un sabor amargo. No me esperaba el final, eso es cierto, pero ha sido un final que me ha dejado con paz interior, pensando para mi mismo, «esto es lo correcto y es lo que debe pasar». Siendo que, al acabar la historia, Kartán empieza un nuevo peregrinaje y en base a esto, parece que volveremos a oír hablar de nuestro nómada de Ággar.




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