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Reflexiones (II): Prestige


Uno a veces tiene la sensación de que la Justicia como tal no existe, y es posible que así sea. Hace más de una década todo el país se volcaba con Galicia, nos echábamos las manos a la cabeza ante las dimensiones de una catástrofe que supuso un antes y un después.

Hoy, el día que muchos esperábamos, el día señalado para determinar quién o quiénes fueron los culpables de esos hechos, los jueces nos dicen que no hay culpable, o al menos no es nadie concreto. Un crimen contra el ecosistema que queda sin resolver, pues parece que sucedió por mano divina, sin intervención humana, o al menos piensan que los ciudadanos en nuestra ignorancia así lo hemos de creer.

El problema es que los ciudadanos tenemos opinión, y si nos agarramos a unos hechos más que probados, somos capaces de poner nombre y apellido a los responsables, tanto a personas como a instituciones.

Es posible que no interese, que haya demasiado que tapar, y que sea mejor no tirar de la manta porque debajo de la misma hay tantas personas involucradas de uno y otro lado político, que hayan llegado a la conclusión de que es mejor dejarlo quieto.

Hoy es otro día triste para los ciudadanos de este país, que vuelven a contemplar con impotencia cómo nuestros políticos y nuestros jueces van de la mano en sus decisiones. ¡Viva la independencia entre poderes!