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Reflexiones


Es curioso como las injusticias acaban afectando a todo lo que nos rodea. De una manera o de otra podemos extrapolar lo que ocurre en un grupo reducido de personas a lo que sucede en un número más amplio. En esta ocasión quiero hablar de fútbol y de cómo la ceguera y el fanatismo impiden reconocer las injusticias que en los campos se suceden.

Errores arbitrales a los que se podrían llamar favores arbitrales, actos que condicionan un campeonato, favoreciendo por lo general a los mismos equipos, a los poderosos por llamarlos de alguna manera. ¿El motivo? El poder, el dinero, los hilos que no vemos pero que sin duda existen para acabar manejando unos encuentros que no son otra cosa que un negocio, al menos para algunos. Sin embargo, detrás de todos los equipos están los aficionados que creen estar disfrutando de un deporte. Los apoyan, los siguen, gritan, sufren... pero, ¿Es todo tan limpio como debiera? Desde mi punto de vista no.

Podríamos extrapolar este ejemplo deportivo a otras facciones de la sociedad, como la política, en la que uno llega a pensar que gobierne quien gobierne el resultado es el mismo, decisiones condicionadas por los más poderosos que manejan los hilos desde las sombras, con la impunidad que el propio poder les otorga.

No podemos no ver lo que tenemos ante nuestras narices, aunque como dice el refrán "No hay más ciego que el que no quierer ver", y muchos son los que miran hacia otro lado con la esperanza de que "eso no me ocurra a mí". Hay que saber ver y reconocer lo que ocurre, y si se puede, tomar medidas para cambiarlo.

Yo, desde luego, injusticias no quiero y mucho menos ser quiero ser parte de ellas. Renuncio, no sufro ceguera y mis neuronas todavía son capaces de distinguir lo que está bien de lo que no.

Hasta ahí mi reflexión de hoy.