"Las ranas también se enamoran" de Megan Maxwell, por Rocío Carralón



Sinopsis

Marta Rodríguez es una joven y divertida madre soltera que conduce una Honda CBF 600. Trabaja en el taller de moda flamenca de Lola Herrera, donde hace un poco de todo. Tan pronto soluciona temas de banco como diseña y cose el mejor vestido de flamenca. La vida de Marta, y su entorno, da un giro de 180 grados cuando el hijastro de su jefa, Philip Martínez, un empresario inglés, serio a la par que sexy, se cruza en su camino. ¿Qué será Philip, una rana o un sapo más en el gran charco de la vida?

Datos Técnicos

Editorial: Versátil
Número de páginas: 384
Encuadernación: Tapa blanda/Ebook
ISBN: 9788492929467
Año de edición: 2011
Precio: 15,90€/4,9€

Sobre el autor: Megan Maxwell

Impresiones

Puedo decir que lo primero que me llamó la atención del libro fue la portada, donde aparece una simpatiquísima rana verde, rodeada de un rojo chillón con topos blancos en la parte baja. Pero era reacia a comprarlo; sé que pensareis que es una tontería, pero en primer lugar lo que pueda parecer una novela romanticona – pastel, lo deshecho, me recuerdan en demasía a las novelas de Corín Tellado de antaño, además esta novela en concreto también me recordaba por el título a "Los ojos amarillos de los cocodrilos" de Katherine Pancol. Vaaaale!, hago unas comparaciones muy extrañas lo sé. Pero en mi cabeza mezclo mis hilos y no me saques de ahí. Para rehusar más de ella veía que era un “boom”, todo el mundo por la red hablaba de ella y también huyo de los fenómenos de masas, ¡qué le voy a hacer, soy rara! Así que descarté todo eso y me quedé con mi primer impulso: La maravillosa portada roja y la cara de pícara de la rana, que me denotaba lo que me encontraría en sus páginas. Me imaginé que la rana simbolizaba a alguno de los personajes que se esconde tras otro rostro, algo malicioso y travieso, con un punto pícaro. Y nada más lejos de la realidad, pero esta rana–portada, no sólo simboliza a un protagonista en concreto, simboliza a todos y cada uno de ellos. Porque todos tienen siempre un lado contrario al que muestran ante los ojos de los demás, todos tienen secretos que ocultar, como cada uno de nosotros. Me refiero a que es un fiel reflejo de todas las personas. Por otra parte el color rojo es sinónimo de amor, de pasión, a la vez que coraje, lucha. Los topos blancos no hacen si no mostrarnos ante nuestros ojos el trabajo de la protagonista.

Es una historia real, cotidiana (bueno dejemos de lado que no a todas se nos cruza alguien de las altas esferas, rico y con la vida solucionada), me refiero a las relaciones humanas, tanto de amistad, como de familia (madre–hija, un excelente binomio, protagonizado por una madre en su día adolescente y su lucha diaria), como en el terreno del amor, porque este sentimiento no entiende de clases sociales, sólo te mueves bajo sus hilos, por muy gallito que te creas y juegues a las ranas. Como quien sólo es tu amigo, puede ser más que tu madre.

La novela tiene un trasfondo duro, no todo el monte es orégano; plasmando lo cotidiano con unas grandes dosis de humor, porque de no ser por la risa, de dónde sacaríamos las ganas de luchar y afrontar un nuevo día.

De todos los protagonistas el que más me ha gustado es Adrián, el amigo gay que no puede faltar; es único, sus salidas y su forma de decir las cosas son fantásticas. Las expresiones de los personajes son, desde mi punto de vista, acertadas, si bien es cierto que algunas son burdas y soeces, pero hay que fijarse en el individuo en cuestión que las dice y la clase social, aunque más que eso sería el barrio dónde viven, y la gente que les rodea, porque según donde vivas así te expresas.

La novela se enmarcaría dentro del género chick-lit, es decir un género feminista, donde la protagonista no depende de un hombre para sacarse las castañas del fuego, se presenta valiente, luchadora, ante las diversas vicisitudes que plantea vida: trabajo, amor…Donde el lenguaje es claro, sin tabúes, ni tapujos, donde las princesitas dejaron de serlo. Es cierto que la novela de Megan catalogada como chick–lit es “Te lo dije”, pero yo pienso que esta por su temática, frescura, agilidad, y exposición de la narración, perfectamente pertenece a este género.

Ya sabéis que no cuento nada de la historia, os dejo sólo la sinopsis. Aunque lo que si que diré es que uno de los aspectos que más me ha gustado es que casi toda la narración se basa en diálogos, por lo que hace una lectura muy ágil y rápida, un punto a favor para el momento en el que leí la novela. Sin lugar a dudas Megan se ha convertido en una de mis autoras favoritas . Además hay algo muy bueno de las redes sociales y es que puedes conocer y hablar con los autores de primera mano. Tiene muy bien merecidos todos los premios que ha recibido y recibirá en el futuro.

Para poneros al día de sus novedades no dejéis de visitar su página web: http://www.megan-maxwell.com/


Si quieres hacerte con un ejemplar, hazlo desde el siguiente enlace: Las ranas también se enamoran




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