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Entrevista Julia Navarro. 19 de Septiembre de 2013


En primer lugar, gracias por tu novela Julia. Querría preguntarte sobre la extensión de tus novelas, ¿Las concibes así de largas o es algo que va surgiendo sobre la marcha?

No, yo concibo la historia y hasta que no la tengo en la cabeza de principio a fin no me siento a escribir. Y nunca sé cuál va a ser su longitud. Tengo la historia, sé lo que quiero contar, me siento y la escribo. No pagino, de manera que yo no sé si estoy escribiendo una historia en doscientos folios o en mil quinientos, no lo sé hasta que no he terminado.

Cuando yo estaba escribiendo mi primera novela, yo que soy un poco desastre con la informática, dí a una tecla y me pasaron dos cosas: una, que dejé de paginar, y dos, que perdí cincuenta páginas de la novela. Gracias a la ayuda de mi hijo Alex, conseguí recuperar 30 de esas páginas perdidas. En ese momento lo de paginar era lo de menos. Seguí escribiendo sin paginar y desde entonces he decidido que escribo con mucha más libertad. No estoy angustiada pensando, llevo quinientas páginas, me estoy pasando. Escribo una novela, en la extensión que yo necesito, y el último día, le doy al botón y sabemos cuánto he escrito.

De hecho, en esta novela, el primer capítulo que escribí fue el último; lo tenía tan pensado, tan interiorizado, lo tenía tan claro, porque me iba a quedar redondo.

¿De dónde surge la idea de escribir esta novela?

Pues mira, a mí siempre me ha interesado la idea orteguiana de cómo las circunstancias marcan a los seres humanos. Creo que todos nacemos con un "pack" debajo del brazo, una mochila en la que nos cargan cosas que no hemos elegido: el tiempo histórico en el que nacemos, el lugar geográfico, la situación socio-económica en la que nos vamos a desenvolver en función de nuestra familia, la religión que nos va a tocar en función del lugar en el que hemos nacido (aunque luego la gente haga lo que le da la gana, si puede) y todo eso cómo nos determina. Entonces, los seres humanos somos libres, podemos elegir pero a veces no podemos, no sabemos, no queremos, no nos dejan... pero con todo eso, tenemos que construirnos nuestra propia vida, pero nos guste o no, nos determina. 

Yo desde el primer momento quería hablar de eso, de cómo si uno nace aquí resulta que su "pack" es éste, y cómo si nace a 10 km su "pack" es otro. Pensé en situarlo en Yugoslavia, cuando la muerte de Tito, cuando el desmatelamiento de Yugoslavia, el enfrentamiento entre dos comunidades que compartían el mismo espacio geográfico, pero unos habían venido con un "pack" y otros con otro. O en la región de los Grandes Lagos, también le di vuelta en situarla en la lucha de Tutsis y Hutus, y también pensé Oriente Medio. Estuve mucho tiempo pensando en esos tres posibles escenarios, al final opté por Oriente Medio porque la zona de los Grandes Lagos no la conocía, Yugoslavia sí la conozco (la conozco razonablemente bien) y después Oriente Medio una zona a la que sí conozco muy bien porque he viajado mucho allí como periodista, a cubrir la primera guerra del Golfo o la Guerra de Líbano. Al final decidí situarlo en Oriente Medio. Pero mi intención no era escribir un libro ni sobre el conflicto entre árabes y palestinos, por eso empieza en 1880 y termina en 1948, el día que empieza el Estado de Israel yo termino, si no el conflicto de las personas, eso es de lo que yo quería escribir, y de cómo las decisiones que toman otros determinan nuestras vidas. 

Pero aunque no hayas querido seguir más alla del 48 tocas a los judíos...

A los judíos y a los palestinos. La única manera de resolver ese conflicto es dialogando y cediendo ambas partes, como en todo en la vida. Están condenados a entenderse, están en el mismo espacio geográfico... ambos se tienen que dejar algo. Es una situación insostenible al menos a largo plazo. La situación es consecuencia de la primera guerra mundial, lo que ha dado lugar a que posteriormente estallara el conflicto entre palestinos y judíos.

A mí me ha gustado mucho que en la novela no te posicionaras en un bando o en otro, dando las dos visiones siendo distintas, dando a entender los dos motivos

Sabes lo que pasa, que como yo no he querido escribir un libro político, he querido mantener una cierta equidistancia, lo cual es muy complicado; de hecho ha sido la novela más difícil para mí de escribir, pues me interesaba más el conflicto humano, no el conflicto político, pesaba más describir a los personajes como actores de unos guiones que ellos no habían elegido, eso es lo que yo he querido escribir. Por eso he buscado esa equidistancia, intentando que en cada capítulo el lector pudiera empatizar con ambos. Me parecía importante centrar la novela en los personajes, y que el conflicto fuera el telón de fondo. 

¿Cómo es el día a día de Julia Navarro trabajando?

Me levanto muy pronto. Con la primera novela quería, y lo hice hasta prácticamente la tercera, seguir combinando el periodismo con escribir. Eso me llevó a levantarme prontísimo: ponía el despertador a las 4, escribía de 4 a 8, me iba a trabajar, luego volvía, me volvía a sentar... estaba destrozada. Logré un cierto equilibrio a costa de mi salud. Llegó un momento en el que era un poco complicado y tenía que tomar una decisión, y elegí los libros. Ahora mis horarios son un poco más humanos. Me sigo levantando muy pronto, entre 4 y 6 de la mañana y trabajo unas ocho horas al día. Digo trabajo, no significa que esté escribiendo, también corrijo, releo, busco documentación... y hay días en los que has escrito un folio y hay otros en los que has escrito veinte. 

¿Cómo es la labor de documentación que realizas en una novela de este tipo?

Para mí es muy fácil porque yo soy periodista y estoy acostumbrada. La documentación siempre la busco en libros (libros de historia, ensayos)... escribo rodeada de libros. También en Internet busco cosas. No me hago esquemas... yo me pienso la novela, la tengo clara. Ahora, por ejemplo, antes de escribir esta novela, tenía como tres ideas, estuve pensando en ellas hasta que ya opté por una, y ya me puse a trabajar en ella. Yo no trabajo haciéndome esquemas, trabajo pensando. Estoy a lo mejor un par de meses escribiendo la novela mentalmente. ¿Cuándo lo hago? Sobre todo cuando saco a mi perro a pasear.

En estas novelas que son tan extensas, ¿Cómo consigues ir enlazando los diferentes personajes e historias que van surgiendo?

Eso lo tengo desde el principio. Tengo siempre una libretita al lado y apunto cosas. Mis libretas no las entendería nadie, totalmente caóticas... pero no me hago esquemas.

¿Cambias la historia sobre la marcha aunque tú tengas tu historia preconcebida?

Muy poco, pero es verdad que a veces aún teniendo la novela totalmente pensada, cuando la estás escribiendo, y relees, luego sobre el papel no la ves. Y entonces cojo a Argos, mi perro, nos vamos a la calle, lo pienso y lo reescribo.

Has comentado que tenías varias ideas sobre dónde situar la novela, cuando tenías esas tres ideas ¿te pusiste a investigar sobre cada una de ellas?

No, le di vueltas. Lo primero que tenía claro es que quería escribir un libro sobre cómo las circunstancias marcan al ser humano. Pensé en los tres escenarios, pensé en personajes distintos en los escenarios, hasta el final tomar la decisión de con qué escenario me quedo.

Recomiendanos dos novelas para aquellos que quieren ponerse a escribir.

Yo soy muy de Tolstói, de hecho esta novela tiene un toque muy tolstiano, a mi siempre me ha maravillado como Tolstói, como Balzac son capaces de hacer novelas costumbristas, novelas de personajes y al mismo tiempo describir toda una época.

Creo que para escribir hay que leer a los clásicos, entonces mi recomendación sería que lean a los clásicos además de todo lo demás.

Luego también les daría un consejo, que no se rindan, que lo importante es tener una buena historia que contar, si además luego la cuentan bien, muchísimo mejor. Hoy en día yo creo que hay que probar a enviar el libro a todas las editoriales y si no les funciona eso, la autoedición en internet. Si una persona cree que ha escrito una buena obra y cree en ella, yo creo que tiene que autoeditarse.Yo lo haría. Lo que no haría nunca sería rendirme, y dedicarme a guardar los folios en el cajón.