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Entrevista a Luz Gabás. 21 de Abril de 2012



Hoy os traemos una entrevista de lo más interesante, donde podréis conocer un poquito más a una de las autoras del momento. Una mujer que ha escrito una novela que enamora a la mayoría de sus lectores y que nos traslada a una época cercana pero desconocida para muchos. Esperamos que os guste.

Biografía del autor: Luz Gabás 
Información y reseña de "Palmeras en la nieve"


En primer lugar, cuéntanos algo de ti. ¿Con qué tres palabras te definirías?
Responsable, tenaz, luchadora.

¿Cómo y cuándo descubriste tu vocación por la escritura? ¿Recuerdas qué fue lo primero que escribiste?
A los 8 años gané un premio de redacción sobre una excursión de mi colegio de Monzón a Río León Safari. La encontré hace unas semanas en unas cajas y me hizo mucha ilusión descubrir mi letra infantil. Estaba dentro del libro que me regalaron como premio, una biografía de Judith del año 1962 de la editorial Ferma. Siempre me ha gustado escribir, no he dejado de hacerlo nunca, pero no encontraba el tiempo para hacer algo sólido y completo.

¿Hay alguna lectura o autor que haya sido decisivo para tu irrupción en la escritura?
Creo que leer mucho y desear escribir una historia van unidos, a veces se materializa y a veces no. Casi diría que un ávido lector es un escritor en potencia. A mí siempre me ha gustado mucho la literatura inglesa y norteamericana, supongo que por los estudios de filología inglesa. El siglo XIX produjo obras espléndidas.

¿Tienes algún tipo de rutina establecida a la hora de ponerte a escribir?
Para Palmeras en la nieve, me lo tomé como un trabajo de una media de ocho horas al día. Fue la única forma de cumplir mis objetivos. Antes de Palmeras todo era más caótico.

Cuando te pones a escribir, ¿Tienes en mente lo que vas a escribir o vas improvisando?
Tengo en mente lo que quiero escribir según un guión. La improvisación, incluso la inspiración, aparece en el desarrollo de un párrafo o una descripción más que en la trama. Hay días más atinados y satisfactorios que otros.

Para aquellos que no conozcan Palmeras en la nieve, preséntasela.
Es una novela de sentimientos, de amor, de nostalgia, de superación, de decisiones difíciles, de intriga, de contrastes, en dos escenarios, uno de ellos una plantación de cacao de la isla de Fernando Poo de Guinea Ecuatorial, antigua colonia española.

¿De dónde surge la idea de escribir esta novela?
Palmeras está inspirada en la historia real de decenas de personas que emigraron del Valle de Benasque a Guinea durante el siglo XX, entre ellos mis abuelos, mi padre y un tío, siguiendo el rumbo marcado por un emprendedor del valle que hizo fortuna allí después de mucho riesgo y esfuerzo.

¿Quiénes son los protagonistas?
Me gustan tanto todos los personajes, los he mimado tanto, que me cuesta elegir a los protagonistas. De la parte española, dos hermanos y las hijas de ambos. De la parte guineana, una familia. La historia sucede en varias épocas de sus vidas.

Tu padre y tu abuelo fueron unos de esos emigrantes, un emprendedor que soñaba con dar algo más a su familia. ¿Cuánto les sedujo la Guinea de esos años?
Nunca la borraron de su mente y sus recuerdos. Poco antes de fallecer, mi padre aún se ufanaba de haber tenido la suerte de vivir en dos paraísos, su Cerler natal y la isla de Fernando Poo, ahora llamada Bioko. Ellos trabajaron muy duro y Guinea les dio mucho.

¿Cuántos emigrantes del valle tienes conocimiento de que emigraran hasta allí?
Unos doscientos desde finales del XIX.

Un periodo colonial dorado no conocido por muchos de nuestros lectores, ¿por qué no es tan conocido?
Después de la independencia en 1968, se declaró Guinea materia reservada, es decir, no se pudo publicar nada del horror de la dictadura de Macías durante una década larga. Así que la ex-colonia dejó de estar presente en la vida española y cayó en el olvido para todo el mundo menos para quienes vivieron o nacieron allí.

¿Cómo fue la colonización de España en África? ¿Por qué fue tan distinta esta colonización a otras?
Esta respuesta depende de quién cuente la historia. Se ha descrito como más “suave o amable” comparada con otras, pero también es cierto que no se cuentan detalles de los primeros enfrentamientos de los nativos a los que acabaron sometiendo. Por otro lado, cuando los españoles se fueron, el país era el más adelantado del continente africano, con unos altos niveles de educación y sanidad. También se ha observado que no hubo un mestizaje aprobado, es decir, que había una clara separación entre colonizadores y colonizados, en términos generales. Aun ahora quienes van a Guinea se encuentran con actitudes que van desde la nostalgia hasta el resentimiento hacia España: la colonia fue un rico paraíso pero a la vez la colonización forzó el cambio de rumbo de la propia historia de los ecuatoguineanos.

¿Por qué Guinea resulta tan especial? ¿En qué reside la magia de esos años y ese lugar?
África siempre ha sido un territorio mítico, así que Guinea es como nuestro pedacito de ese continente. Y el Fernando Poo de los años cuarenta y cincuenta representa la isla exuberante y húmeda de nuestro pasado colonial perdido. Todo lo colonial tiene un gran atractivo por legendario, desconocido e irrecuperable.

¿Qué destacarías de Palmeras en la nieve? ¿Cuál es su esencia?
El contraste entre lo blanco y lo negro, la dependencia y la libertad tanto en términos políticos como personales, el amor y el odio, la historia oficial y la historia diaria, el destino y las decisiones.

¿Qué fue lo más difícil de todo el proceso de escritura de esta novela?
La documentación sobre la parte africana y el esfuerzo por mantener la nostalgia a raya.

¿Qué tiempo te llevó escribir Palmeras en la nieve?
Todo el proceso desde la decisión a la publicación casi cinco años. El tiempo de redacción propiamente dicho un par de años.

¿Has estado en Fernando Poo? Si no es así, ¿Te gustaría visitarla en algún momento?
No me gustaría morir sin recorrer la majestuosa entrada de las palmeras reales de la finca Sampaka. He tenido ocasión de ir a Bioko durante la preparación de la novela pero no es un destino fácil actualmente. Tampoco quería ir en busca del paraíso perdido de mis antepasados, por eso decidí escribir desde la distancia con las voces de quienes la conocieron y conocen. Ahora me gustaría ir más que antes, gracias a lo que he aprendido y a las personas que he conocido.

Este es un libro de contrastes, ¿Cuáles son las dos principales diferencias que había en esa época entre el valle y Guinea?
En los años cincuenta, la vida en la colonia era caliente, relajada y abundante en comparación con el valle. Ahora el Valle de Benasque es un sitio turístico, pero en los años 50 la vida era dura y se vivía con escasez.

¿Cómo fue el proceso de documentación?
Largo, complejo e interesante. Encuentras una información, tiras del hilo y aparecen vías nuevas. Es como ser detective de anécdotas y palabras. Engancha y cuesta poner el punto final que nunca llega porque incluso ahora descubro nuevas cosas.

¿Cómo fue el recabar testimonios de personas que vivieron esa experiencia?
Los tenía en casa. Mi padre era una mina contando vivencias de aquella época. Un amigo de Benasque, José Mª Mur, publicó un libro documental con esos testimonios, incluido el de mi padre. Todos terminaban sus intervenciones con lágrimas en los ojos. Para ellos Guinea siempre fue especial.

Es una reflexión de lo que fue el mundo colonial, ¿Cómo fue la salida de España de este país? ¿Cuántos errores se cometieron?
Es un tema complejo y yo no tengo la respuesta. Hay quien dice que España no planteó una política clara y decidida, de respaldo económico, por miedo a ser tachada de neocolonialista y por falta de credibilidad internacional. Otros dicen que nunca se planteó una política una verdadera cooperación moderna al estilo de Francia por falta de experiencia, por complejos y cobardía. Otros sostienen que era Guinea quien rechazaba todo lo que tenía que ver con España. La realidad es que tras la acelerada independencia, España dejó a Guinea en manos de un psicópata, Macías, que convirtió el país en el Auschwitz africano.

¿Con qué sensación crees que acabará el lector cuando finalice el libro?
Los lectores me trasmiten que han aprendido mucho de algo que ignoraban mientras disfrutaban de una historia con mucho amor escrita con mucho cariño. Esa era mi intención.

¿Quiénes fueron los primeros en leer Palmeras en la nieve?
Se la entregué a cinco conocidos de cuyo criterio me fiaba porque leen mucho, todo tipo de géneros, y sabía que serían sinceros. Les pedí que me dijeran si era dignamente publicable, con eso me bastaba.


¿Cómo está siendo la acogida?
Sorprendente, abrumadora, gratificante.


¿Cómo definirías tu estilo a la hora de escribir?
Sencillo, directo, sentido, ágil… Bueno, esto es lo que yo intento.

¿Cuáles son tus próximos proyectos? ¿Estás escribiendo algo en estos momentos?
Ahora estoy tomando muchas notas de ideas sueltas sobre las que leo y pienso hasta que me decida por la siguiente historia.

¿Qué aconsejarías a aquellos que estén empezando a escribir sus primeros textos en estos momentos?
Para mí, el mejor consejo es el que me dio un amigo, Pedro Aguaviva, un cineasta, hace mucho tiempo. Después de escribir algo, hay que meterlo en un cajón y olvidarse un par de meses por lo menos. Si al volverlo a leer te sigue gustando, entonces se lo dejas leer a alguien y aceptas las críticas con espíritu positivo para mejorar.

¿Alguna anécdota en tu carrera como escritora?
Dos. La primera, la cara de sorpresa de mi marido cuando le iba pasando los capítulos. La segunda: después de muchas negativas de editoriales, me llamó la editorial Temas de Hoy justo cuando ya había firmado con Editorial Milenio de Lleida. Fueron días de muchos nervios hasta que supe que el editor catalán, a quien le estoy muy agradecida, me dejaba libre para ir con Planeta.


¿Qué opinas de la entrada de Amazon en el panorama editorial español?
Esto es el futuro: disponibilidad y acceso inmediato de todo. Entiendo y comparto la comodidad de la vida digital, pero como soy una romántica, todavía me compro en papel aquellos libros que quiero que ocupen un espacio físico visible en mi casa.


¿Qué es lo que más te está sorprendiendo de este momento que estás viviendo?
Cómo funciona el mundo editorial y la cantidad de trabajo que hay por parte de muchas personas para que un libro aparezca en una librería, algo que desconocía completamente.

¿Estás disfrutando con la promoción?
Mucho, aunque es muy cansado porque vivo a dos horas del tren más cercano. Disfruto con los grupos de lectura y presentaciones porque estoy conociendo personas que me enseñan cosas sobre mi propia novela y que me demuestran que, a pesar de la velocidad a la que vivimos, todavía saboreamos con placer una buena conversación sobre libros.


¿Cómo es el lector ideal?
Es un lector amable, que lee de todo y que siempre es capaz de quedarse con algo, un detalle, una frase, una idea, una sugerencia, de cualquier texto. El lector ideal nunca es destructivo.

¿Para qué sirve leer?
Para no envejecer.

¿Para qué sirve escribir?
Para (intentar) fabricar la crema antiarrugas del alma.

¿Qué estás leyendo ahora mismo? Recomiéndanos un libro (o varios)
Acabo de terminar, por este orden, Los asesinos del emperador de Santiago Posteguillo, y Las Horas Distantes, de Kate Morton. Estoy leyendo La cautiva de los Borgia de Jeanne Kalogridis y, en espera, La isla de los malditos, de Rebeca Gablé. A ratos alterno con la relectura de Una breve historia de la vida privada, de Bill Bryson. Siempre tengo varios libros en danza, uno de los cuales suele ser de un escritor novel, como la novela Helena Kin de la joven zaragozana Virginia Aguilera, toda una sorpresa. Como recomendación, una novela desconocida y muy especial de la lista de mis favoritos: El arte del placer, de Goliarda Sapienza.