Entrevista a Sara Mañero



Hoy tenemos el placer de entrevistar a una autora que nos ha sorprendido gratamente con sus dos primeras novelas publicadas. Sara Mañero.

Yolanda Bracamonte: Para empezar cuéntanos algo sobre ti, tus gustos, tus motivaciones... ¿Cómo es Sara Mañero?

Sara Mañero: Pues es difícil hablar sobre uno mismo, saber qué puede interesar a quien no te conoce. Soy profesora de inglés y la literatura siempre ha sido una pasión. Lectora empedernida desde la infancia, cuando cualquier enfermedad se curaba con reposo, a mí me tocó reposar muchos meses, iniciándose así mi formación como lectora, mi descubrimiento de que con un buen libro en las manos las paredes del dormitorio no eran tan estrechas y las horas pasaban volando.
Junto a lectura y escritura, no necesito mucho para disfrutar de la vida: una buena conversación con la familia y/o los amigos alrededor de la mesa; la preparación de una comida especial, pues no se me da mal la cocina; un largo paseo por las montañas; algo de música; mi perra y mi gato…¡Nada especial!

¿Motivaciones…? Me encanta descubrir lo que ignoro. En cuanto un tema, por ajeno que pueda parecer a mis intereses, me resulta atractivo, disfruto conociéndolo a fondo. Así que supongo que por eso me gusta enseñar, porque también me gusta aprender

¿Cuándo empezaste a escribir y qué te llevó a hacerlo, recuerdas qué fue lo primero que escribiste?

También durante aquella enfermedad de la que te hablaba, a mis seis años, comenzaron mis incursiones en el campo de la escritura: mi padre, imagino que para entretenerme, me proponía una frase sobre la que yo debía componer una historia o unas palabras sobre las que escribir un romance o un soneto. ¡Fueron muchos meses de reposo, pero no fue tiempo perdido! De aquel entonces recuerdo escribir unos poemas espantosos, llenos de rimas forzadas, y relatos entretejidos con tantas lecturas variadas como estaba haciendo: desde Platero al Lazarillo, desde los cuentos tradicionales a obras de Lope y Calderón, pasando por autores que ni te puedes imaginar. Entonces no había lectura adaptada por edades y, salvo excepciones, se me permitía leer cualquier cosa que me apeteciera. Además, he tenido la suerte de nacer en una casa repleta de libros de todo tipo; escribir ahora es, a fin de cuentas, seguir rodeada de libros como entonces.

Y luego…pues he seguido escribiendo toda mi vida; eso sí, como una actividad íntima, desconocida por todos. Una actividad a la que trataba de dedicar cuanto tiempo libre tuviese, pero siempre para mi satisfacción personal únicamente.

¿Tienes algún escritor o escritores que te hayan marcado a la hora de crear tus obras?

No podría decirte, la verdad. Imagino que cualquiera de mis escritores favoritos, y tengo muchos, habrá influido en mi manera de escribir. Me crié con los clásicos españoles y me formé con los ingleses; entre medias, no he desdeñado a ningún otro que fuese encontrando en el camino. Cada uno te va descubriendo un universo literario diferente, cada uno te hechiza de un modo diferente. Si nos centramos en la novela, nunca podré olvidar el shock de leer por primera vez a Faulkner o a Sartre, la placidez de Forster y Jane Austen, la introspección de Henry James, la palabra exacta de Kressmann Taylor, las figuras de Ana Ozores o de Ursula Iguarán o de las varias Emmas,… Por acercarme a nuestra realidad, recuerdo la atmósfera opresiva de Nada, el mundo de nuestra guerra de Almudena Grandes, los fantasmas del pasado de Martín Gaite… Es difícil citar a tantos autores, tantos mundos, tanta magia. He sido lectora voraz, incapaz de abandonar un texto aunque no me gustara tanto como esperaba; pero aunque ahora sea más selectiva, en gran parte por necesidad, me sigue gustando estar al tanto de las novedades. Y creo que cuanto lees, igual que cuanto vives, acaba reflejándose en tus textos.

¿En el proceso creativo, cómo eliges la historia que vas a contar?¿Tienes algún sistema a la hora de construir la trama y los personajes?

Lo cierto es que yo creo que no elijo la historia, creo que es justamente al revés. La historia me encuentra a través de imágenes o frases. Ya sé que sonará extraño, pero es así. En ocasiones, como en el caso de El sueño del árbol, puede existir el deseo previo de escribir sobre un tema, en este libro en concreto sobre Las Filipinas; pero ese deseo no basta en sí mismo. Necesito empezar a obsesionarme por una imagen o una frase y sólo entonces sé que he encontrado la novela. Siguiendo con el ejemplo de esta novela, la imagen desencadenante fue la de un chaval en la estación del Norte de Madrid. El cómo descubro, a partir de esa imagen, que ese muchacho me va a llevar a Filipinas es un misterio. Pero es así. Un proceso inconsciente o mejor subconsciente, imagino.

Mientras sorprendan los días es, justamente, un ejemplo del otro proceso, de esas frases que comienzan a repetirse machaconamente en mi cabeza. Yo empecé a obsesionarme con ese saludo del despertador cuando se encuentra conectado a una emisora de radio; ese “Buenos días, son las siete de la mañana…” y al principio no sabía qué iba a poder hacer con aquello. Hasta que llegó Pilar y supe qué tenía que contar.

Porque una vez encontrada la novela a través de esas imágenes o frases repetitivas descubro qué quiero contar. La trama surge como resultado de ese momento previo e involuntario, algo que me recuerda ese regalo de los dioses, inesperado y mínimo, que según Paul Valery, desencadena el proceso creativo en los poetas. Pero la escritura de la novela siempre es una viaje abierto en el que introduzco cambios, en el que añado temas secundarios, ramificaciones más o menos lejanas. Como el bastidor de un cuadro en el que las pinceladas no están claramente establecidas y se siguen alimentando de la energía de aquel momento, previo e involuntario, que me puso a escribir.

Después viene el trabajo y el dejarse llevar por unos personajes que van surgiendo, a veces inesperadamente, o que van tomando rumbos insospechados. Porque los personajes sí que puedo decir que se van creando muchas veces solos, ajenos a mi intervención, como si quisieran contarme sus vidas, por más que se trate de unas vidas que yo he creado. Y esta es la parte que más disfruto, ese dejarse llevar por unos personajes que van adquiriendo independencia conforme avanzo, obligándome muchas veces a replantearme la historia.



¿Nos puedes contar algo acerca de tú rutina a la hora de escribir?

Poca rutina hay, la verdad. Como estoy acostumbrada a escribir a salto de mata, cuando tengo un pequeño espacio de tiempo, puedo decir que lo aprovecho en extremo. Un café sobre la mesa es mi única exigencia. De todos modos, cuando me siento en el ordenador, muchas veces sólo tengo que trascribir lo que ya he escrito en mi cabeza. Soy bastante insomne y las largas horas despierta en la noche dan para redactar más de un capítulo.


Para todos aquellos que no hayan tenido ocasión de leer tus libros "Mientras sorprendan los días" y "El sueño del árbol ". ¿Cómo definirías cada uno de ellos?

Mientras sorprendan los días es una novela que habla de lo cotidiano, del día a día de seres anónimos que creen tener controlada su existencia y que han de luchar para sobrevivir ante las sorpresas que les depara el destino. Individuos aislados en la ciudad que deben afrontar su pasado para seguir adelante. 


Dicen que es una novela optimista, pero yo añadiría que con ese optimismo amargo que es mejor reflejo de la realidad.

El sueño del árbol aborda la vida de un muchacho que debe emigrar y con quien se inicia una saga que nos muestra la historia reciente de las Filipinas. Es una historia de fortaleza, de desencuentros, de sentimientos intensos; un viaje físico que nos lleva a la antigua colonia y otro iniciático que nos permite acompañar a nuestro protagonista a lo largo de su vida, en su evolución íntima.

¿Qué impresión crees que causarán tus libros en los lectores?

Pues no tengo ni idea, la verdad. Puedo hablarte de lo que me han dicho hasta ahora. Me han comentado que habrían leído muchas más páginas, que han conseguido “engancharse” hasta el punto de no querer dejar la novela, que se han sentido transportados a los mundos que describo, ya sea Madrid, ya Luzón.

Pero de lo que sí podría hablarte es de qué impresión me gustaría causar. Me encantaría que el lector percibiese lo mucho que he disfrutado escribiendo ambas novelas, la pasión con que han sido escritas. 

Creo que eso es lo importante, más que las horas de trabajo, más incluso que la propia trama. Porque cuando la escritura es tan placentera que no quieres abandonarla, algún rastro debe quedar entre sus líneas y esa huella es la que me agradaría transmitir. Escribir para mí es una forma de vivir; mi mayor satisfacción sería que mis lectores vivieran también leyéndome.

En cuanto a los protagonistas de tus libros, Arnaldo," El sueño del árbol", y Pilar, "Mientras sorprendan los días", ¿cuál es su esencia, tienes algún referente para crearlos tal y como lo hiciste?

No. Son personajes de ficción que, como ya he dicho, se han ido escribiendo a sí mismos a la vez que yo los escribía. Quizá lo mejor sea poner un ejemplo. Yo quería que Pilar fuese enfermera, quizá por esa visión que tenemos los profanos de que se trata de una profesión vocacional, de una voluntad de servicio. Pero fue ella, Pilar, quien me contó por qué era enfermera. Porque en realidad ella querría haber sido médico, pero su sentido de la responsabilidad familiar se lo impidió. Es decir, yo dispongo unos parámetros y ellos me los van alterando, dentro de unos márgenes, claro.

¿Esencia? Mi deseo siempre es que sean reales, con sus luces y sus sombras, con sus indecisiones y sus motivaciones inconfesables, con sus cambios incomprensibles de conducta; con una cualidad esencial que les caracteriza, pero que se encuentra salpicada de incoherencias, de impulsos inesperados. En Pilar prima esa voluntad de entrega de la que hablaba, el equilibrio, la serenidad; en Arnaldo, la valentía, la lealtad, la capacidad de superación.

Reconozco que el título que elegiste para "Mientras sorprendan los días " me llamó poderosamente la atención. ¿Cómo has elegido tanto el título como la portada de tus dos libros?

Los títulos siempre los elijo una vez acabada la novela, tratando de indicar el tema principal. En Mientras sorprendan los días fue sencillo; tenía que incluir, de un lado, la idea de un día, pues esa es la estructura de la novela; y de otro, la idea de esa sorpresa que deben afrontar los protagonistas. El mientras era fundamental a fin de dar ese matiz de optimismo necesario para captar la esencia de la novela.

En El sueño del árbol tampoco tuve muchas dudas. Me atraía el juego entre la idea de la vida como sueño y la realidad de una cultura capaz de valorar la naturaleza hasta el punto de tratar de sentirla como si de un ser vivo se tratase. Choque de culturas, aprendizaje, paso del tiempo,…todo estaba resumido en esas cuatro palabras y el lector podría comprenderlo una vez finalizada la novela.

Las portadas son un lujo. Mi amigo grabador Narciso Echeverría es el creador de las imágenes. El reloj de Mientras sorprendan los días es un grabado que yo le conocía de hace años y en el que inmediatamente pensé cuando me preguntaron en la editorial si tenía algo en mente. El árbol onírico de El sueño del árbol es una estampa digital creada especialmente para mí. Yo quería reproducir la imagen de los árboles arco iris, con sus troncos polícromos y singulares. Sobre esa imagen él recreó la suya. El resultado es espectacular, me parece.

Tus dos novelas son totalmente distintas en muchos aspectos. En tu primera novela publicada, "Mientras sorprendan los días", ¿cómo lograste contar y transmitir tanto en tan pocas páginas? Y en tu segunda novela, "El sueño del árbol ", ¿cómo fue la labor de investigación y documentación?

La extensión de una novela es un tema complicado. Encuentro que gran parte de lo que se escribe peca de tener páginas superfluas, en ocasiones en demasía. Es un problema que me preocupa siempre: cómo expresar lo que deseas con la longitud adecuada, sin repeticiones innecesarias, que cada frase tenga su razón de ser. En Mientras sorprendan los días yo mostraba un día cualquiera en la vida de tres personajes. En consecuencia, no me parecía adecuado escribir una novela de 500 páginas; tenía que concentrar la información, dar los datos justos, los imprescindibles, los que permitieran sugerir más que explicar, obviar los que podían inferirse, centrarme en lo esencial. Quizá por eso es una novela más breve de las que suelo escribir, por esa tarea de contención auto-impuesta.

La documentación para El sueño del árbol fue una experiencia única. Al margen de la bibliografía especializada sobre el tema que tuve que consultar, me centré en las fuentes directas, en los textos escritos de primera mano. Por ejemplo, para estudiar las maderas filipinas, nada mejor que el informe de un ingeniero al que mandan estudiar la riqueza forestal de las islas. En esta línea de acudir a fuentes no tanto de tipo histórico como testimoniales, he trabajado con tres grupos de textos fundamentalmente.

De un lado, los diarios y memorias, tan abundantes en la época. Ofrecen una visión directa de la realidad; son como pequeños fragmentos de vida en que nos cuentan lo que se pensaba en la calle, lo que se decía desde el púlpito, lo que se comentaba en los cafés o en la cola de la compra, cómo vivían los prisioneros, cómo los soldados… La vida, en fin.

De otro lado, las cartas que los soldados escribían a sus familiares, con el asombro de quien nunca ha salido de su pueblo, pues era gente humilde, con la censura auto-impuesta de tratar de tranquilizar a los parientes.

Por fin, la prensa, no sólo como referente de noticias, sino como reflejo de la realidad, como elemento configurador del entorno y capaz de dotar de verosimilitud al relato.


¿Cómo definirías tú estilo en ambas novelas?

¡Difícil me lo pones! Me han dicho que soy escritora realista, casi costumbrista, pero no sé… No es una cuestión que me preocupe, la verdad. Intento ser cuidadosa con el lenguaje, sin duda, pero me gusta que mi escritura sea fluida, natural, que no abuse del artificio. Creo que era Pascal quien decía que ante un estilo natural el lector se siente encantado, porque espera encontrar a un autor, pero encuentra a un hombre. Supongo que ése sería mi deseo, aunque no sé si lo logro, por supuesto. Quiero que el lector me entienda, tanto si se trata del diálogo más cotidiano como de las reflexiones más íntimas, de la descripción de un escenario o de la expresión de un intenso sentimiento. Y cuando la intensidad es tanta que me preocupa, me retiro, doy un paso atrás, dejo que sea el lector quien complete el cuadro, quien utilice su experiencia para entender lo que no digo. ¡Creo que, en el fondo, me aterra el melodrama! En definitiva, me gustaría producir esa sensación que se tiene cuando se lee a un gran escritor, la de que escribir así es fácil, que sólo es cuestión de ponerse para poder imitar ese estilo, cuando en realidad la tarea de filtrar, de limpiar, de eliminar puede ser ardua. Pero claro, no soy yo quien para decir cuán lejos me quedo de ese objetivo. En otras palabras, me gusta que mi escritura sea amable con el lector, sin dejar por ello de reservarle alguna sorpresa o desconcierto.


¿Quiénes fueron los primeros en leer tus novelas?

Mi club de fans particular, compuesto por mi marido y un pequeño grupo de amigos. Debo decir que hasta hace tres o cuatro años yo acostumbraba a deshacerme de mis novelas, a eliminarlas. Cuando decidí conservar la anterior a Mientras sorprendan los días, no tenía muy claro que ésa fuese a ser la primera de una nueva etapa. Quería guardar aquella, sin más, por razones personales. Luego, meses después, enfrascada ya en la escritura de Mientras sorprendan los días, y en un encuentro anual en que nos reunimos amigos de distintos lugares, lo comenté. Ese fue el inicio de este proceso en el que me encuentro envuelta. Desde entonces, ya no he vuelto a tirar nada. Quiero creer que a mis fans les gusta leerme, aunque no me agrada mucho hablar de mis novelas. No quiero convertirme en uno de esos amigos pesados y monotemáticos. Me siento más cómoda escuchando y observando que siendo protagonista de la conversación.


Sé que no has publicado todo lo que has escrito. ¿Dinos por qué?

Es difícil explicarlo, pero hasta hace poco tiempo, he ido tirando las novelas que escribía. La escritura, como te he dicho, era para mí una actividad íntima, carente de proyección. Yo necesitaba contarme historias, contarme la vida, sí, pero me bastaba con contármela a mí misma; no necesitaba al otro. ¿Timidez? Quizá. Soy una persona reservada. Lo cierto es que jamás me planteé un escenario distinto. La escritura era mi secreto, esa faceta de mí que no deseaba compartir. Después las cosas cambiaron.

Ya te he hablado de esa primera novela que conservo y que, en realidad, ya había escrito más de una década antes. Encontré en un pequeño disquete unas 40 páginas de un texto de 1999 y tuve que volver a reescribirlo. Esa novela no sé si alguna vez me atreveré a sacarla a la luz. Luego escribí las dos que han sido publicadas y después otras dos que de momento descansan. Una es una novela breve, distinta a las anteriores, muy directa, con un marchamo más psicológico, pues aborda el tema del odio y la venganza. La última que he escrito es la historia de una mujer fuerte y valiente. Estas dos puede que intente publicarlas más adelante, no sé. Por ahora tengo bastante con ver qué recepción tienen las ya publicadas.

¿Tienes en mente ya tú siguiente libro?

En mente y, de hecho, ya en varios capítulos en el ordenador. No suelo estar mucho tiempo inactiva. Tras acabar una novela, dejo que repose durante unas semanas antes de realizar la última corrección. Habitualmente, en ese período ya empiezo a vislumbrar la siguiente. De hecho, creo que siempre hago esa última lectura para dar por acabado el trabajo anterior y poder meterme en el siguiente, como si de algún modo supiera que ya me está esperando otra historia. El problema no es tener historias que contar; el problema es encontrar el tiempo para contarlas.

Ahora estoy trabajando en un tipo de relato distinto. Ya veremos el resultado. Como ves, me encanta variar, aunque supongo que también hay constantes en todas mis novelas.

Todos somos conscientes de que en la actualidad, a pesar de los medios de comunicación de que disponemos, es complicado darse a conocer como autor. ¿Qué es lo que te está resultando más difícil a la hora de hacer llegar tú obra al público? ¿Cómo está siendo esta experiencia para ti?

Lo difícil es la no presencia de las novelas físicamente en las librerías. Eso resta muchos lectores. Comprendo que se publica demasiado y no todo se puede tener en las estanterías, pero tampoco se apuesta por los autores desconocidos. Las franquicias ya no son como aquellos libreros de antaño, aunque afortunadamente algunos aún queden. En las librerías en que he hecho presentaciones siempre se han vendido bien mis libros, no sólo en el acto en sí, sino en los días posteriores. Sin embargo, una vez acabado el número de ejemplares solicitados a la distribuidora, no se molestan en reponer. Si alguien va a buscarlo, pueden ofrecerse amablemente a pedirlo, pero ese lector que pasea por los estantes y disfruta comprando el libro que le ha llamado la atención o del que ha oído hablar, ése no podrá tocarlo antes de decidirse. Es así. Yo misma, que he disfrutado muchas horas ojeando textos en las librerías antes de decidirme por uno o por otro, acabo acudiendo al encargo porque parece que en los establecimientos actuales siempre se vende lo mismo. ¡Si hasta te sorprendes cuando encuentras algo diferente!

Y para agravar el problema, puede ocurrir que cuando solicitas la compra de algún volumen por internet te encuentres con una demora de hasta dos meses, como he podido comprobar estos días. Por aquello del ver para creer, espero una de mis novelas para la semana del 19 de enero. ¿Te extraña? ¡A mí también! Sorprende que tarden en servirme uno de mis libros más que muchos que me han servido provenientes de Estados Unidos, ¿verdad? Pues esa es la realidad. Por lo que estoy muy agradecida a las iniciativas, como esta, que nos hacen visibles en la redes sociales.

De todos modos, prefiero quedarme con lo verdaderamente satisfactorio, que es descubrir que la gente disfruta leyendo mis novelas. Los mensajes que me envían están siendo muy gratificantes. Y, además, la experiencia de tener que reflexionar sobre mi propia obra está resultando sorprendente. Es una curiosa dualidad, porque hasta ahora siempre había tenido que reflexionar sobre textos ajenos; ahora, sin embargo, al verme obligada a abordar mis novelas con ojos de crítico, me asombra las implicaciones que pueden extraerse de detalles que jamás me había planteado como autora. En definitiva, la experiencia no puede ser más enriquecedora.


Desde Libros que voy Leyendo te deseamos la mejor de las suertes y que tus libros alcancen cada vez más a un mayor número de lectores.





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2 comentarios, ¡deja el tuyo!

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Marieta
28 de noviembre de 2015, 17:24 ×

Qué placer leer una entrevista tan bien desarrollada. Gracias!

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admin
29 de noviembre de 2015, 8:19 ×

Gracias por la entrevista. He conocido a la autora hace relativamente poco a raíz de un sorteo de Mientras sorprendan los días. Le seguiré la pista.

Besos

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admin
Gracias por tu comentario :)