Emma Lira


De la página www.emmalira.es


"Aprendí a contar – no números, sino historias – antes que a leer. Y en cuanto supe plasmarlos en palabras, decidí que quería pasar el resto de mi vida escribiendo. Me dijeron que eso se llamaba Periodismo y eso estudié. En Periodismo no aprendí a escribir, pero me enfrenté a la disciplina de la actualidad y a la fórmula alquímica que hace que unas cosas interesen y otras no. También encontré un puñado de vivencias imborrables y de amigos incondicionales que conservo muchos años después. 
Me estrené en algún periódico nacional, en becas de distinto “prestigio” de redacción en redacción y acabé por probar el marketing – la ciencia que reduce a estadísticas la comunicación – como el que prueba una droga, tentadora y atractiva. 
En algún momento di un salto cuántico y me alejé de mi espacio y de mi tiempo para instalarme por unos meses en Sudáfrica. Allí descubrí la existencia de vidas y realidades paralelas y decidí dos cosas: quería viajar, viajar y descubrir todo lo que pudiera y quería trabajar para mí, la única manera que se me ocurría de ser la dueña de mi propio tiempo… 
Así me convertí en freelance, o en mercenaria de la palabra escrita. Me decanté hacia la comunicación corporativa porque encontré un reto en vestir de bonito la prosaica realidad de las empresas y empecé a alternar proyectos remunerados y tiempo donde gastar esa remuneración en un curioso binomio Trabajo-Viaje que no se hacía preguntas sobre el futuro. Concebí reportajes de viajes y aventura, y atravesé el muro del Frente Polisario por la ruta minada del Sur, dirigí revistas corporativas y aterricé en el Sahara como copiloto de un utraligero, me introduje en el marketing digital y me vinculé a proyectos de formación en una Guinea Ecuatorial recién descubierta para las compañías petrolíferas, me estrené como miembro del Comité Editorial de la Sociedad Geográfica Española y crucé África en un coche destartalado hasta la capital de Costa de Marfil, me interesé por el novedoso mundo de la redes sociales y atravesé por tierra Europa, Turquía, Siria y Jordania hasta llegar al Kurdistán…. 
Dormí al raso en desiertos, crucé el Círculo Polar Ártico, atravesé selvas, me impregné del polvo del camino de cincuenta países y me enfrenté a la historia, la cultura, la forma de percibir la vida y los ojos de cientos de personajes diferentes. No juzgué; tomé notas. Cada viaje me llenaba de paisajes, historias, vivencias y personas. Algunas se reciclaban en mi trabajo al aterrizar en la vida real, pero otras se iban almacenando en espera de un momento en que salir que nunca llegaba. Los dos períodos eran absorbentes. Uno por saturación de vivencias y otro por sobrecarga de trabajo. Y parecía no haber lugar para nada más. 
Por eso, aunque fuese la crónica de una muerte anunciada, me sorprendió el período de inactividad que siguió al estallido de la Crisis. Menos trabajo. Menos dinero. Menos viajes…

…un momento perfecto para dedicarme a escribir en cuerpo y alma."

Obras:

Búscame donde nacen los Dragos (2013)
Lo que esconden las olas (2015) - Sany
Lo que esconden las olas - Rocío Carralón

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