Aránzazu Hernández

Aránzazu M. Hernández nace en 1978 en la ciudad de Madrid. Apenas supo leer y escribir, entendió que había encontrado en sus papeles un universo a la medida de sus inquietudes. Estudiante brillante durante la infancia y la juventud, inició varias carreras que nunca llegó a terminar por no encontrar más que en la lectura y la escritura el modo de canalizar su intensa voluntad creativa. Pertenece a la generación que alumbró a los “hijos de la democracia”, ahora inmersos en su mayoría en las consecuencias de la crisis. Ha trabajado en varias áreas para salir adelante, siempre alejadas del ámbito de la literatura.

De personalidad fuertemente introspectiva e inquieta, fabrica y modela un lenguaje propio con el que ofrecer una actitud de respuesta a la vida, a la otredad y a la náusea, acercándose al mundo desde la acción/función del arte. De naturaleza ecléctica, cree en la escritura como terapia de autoconocimiento y superación personal, asumiendo desde niña la disciplina de ser autodidacta. De clara raíz poética, intenta alejarse de estereotipos y etiquetas para desarrollar un mensaje que reúna lo visceral y lo abstracto a la hora de expresarse.

Nunca ha dejado de escribir desde niña –medio a escondidas y en papel- no siendo hasta ahora cuando decide reconocerse como “explotadora de palabras” y darle luz a escritos correspondientes a los últimos años, mientras inicia sus pasos en una prosa de corte lírico y psicológico a la que pretende dar forma de novela.

Tuitera empedernida, mantiene desde hace años un par de blogs a modo de refugio en los que tirar al espacio papeles virtuales. Creadora de algo, sin saber aún qué, otorga a la escritura el rol de llave capaz de liberar a una manada de yoes incapaces de ponerse en fila.

Actualmente vuelve a reinventar sus manos alternando la escritura con el aprendizaje de la actividad de la carpintería y la restauración y así abrir nuevas vías que den valor a la inspiración.

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